Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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jueves, 10 de febrero de 2011

Soñando con Glenn Gould

Esta noche he soñado con Glenn Gould, por tanto podría decirse que soy feliz, al menos hoy mientras recuerdo el sueño donde Glenn tocaba para mí. Me reconforta Glenn Gould tocando el piano, me emociona tanto como un chuletón poco hecho a un wookie hambriento (viva la cultura pop)... Me destroza verle sentado en esa raquítica silla vieja tocando el piano como si el mundo se fuera a terminar en cuanto él levante las manos del teclado. Extrapolo mi mitomanía rock a la música "clásica", interesándome por intérpretes y por  compositores como si estuviese hablando de Neil Young o Bon Scott. Glenn Gould, Rachmaninov, Anne Sophie Mutter... Aunque para biografías y filias, la de los músicos de jazz, el gran arte del siglo XX donde más perdedores vieron su genialidad truncada, alcanzando una gloria de alcantarilla sin que a nadie le importara una mierda. Cuando pienso en el concepto de poeta que defiende Bolaño, sobre todo en "Los detectives salvajes", a veces acabo acordándome de Bud Powell, Art Tatum, Bird, Billie y mi favorito, Mingus...  sin contar con que la mayor parte de las veces acabo con mi autoestima por los suelos...
 

Pero hablaba de Glenn Gould. Conozco melómanos imponentes que le ponen pegas a Glenn, el pobre ya no está de moda, su imagen desmesurada y epatante no casa en estos tiempos donde todo es políticamente correcto hasta la naúsea y parece que se le tiende a ver como alguien pistoresco pero sin ese halo de genialidad que sí tenía en vida, pero al leer "El  malogrado" de Bernhard, "Vida y arte de Glenn Gould" de Kevin Mazzana o "Conversaciones con Glenn Gould" de Jonhattan Cott (consideradas las mejores entrevistas nunca hechas a Gould, todas telefónicas y a horas intempestivas) y al ver videos de él, hace que se me caiga el mundo al suelo y anhele tener un familar como él, un tío loco que se bebe la vida a borbotones  y que te enseña lo que es importante sin articular palabra. A veces Gould me recuerda a mi tío abuelo Antonio Iniesta, y a mis tardes sentado en una butaca mirándole pintar (incluso se parecían físicamente). Dos días después de ver la película "Rojo" de Kieslowski, una amiga me dio una cinta de casete con las Variaciones Goldberg de Gould. Hay una escena en la película en la que Irene Jacob está en una tienda de discos escuchando dicha grabación, la escena apenas dura un minuto, pero es suficiente, tanto como para caer rendido ante la Jacob como para saber que tienes la necesidad de conocer mejor a ese pianista. Eso fue en 1994, en el final de "la edad oscura", sin internet ni móviles, donde  interesarse por algo tenía un componente casi de aventura, visto retrospectivamente, la información la encontrabas a cuenta gotas, y sobre todo, preguntando a gente que sabía, y mientras tanto tu desgranabas poco a poco lo que poseías, dilatando un tiempo que hoy por hoy seríamos incapaces de administrar sin crearnos ansiedad. Por eso me gusta tanto rastrear por youtube y encontrar cosas que en la vida hubiese podido ver, aunque en una balanza no sepa con qué edad quedarme... Recuerdo ir con mi walkman por el Madrid de los austrias con Glenn a todo trapo, sonriendo como un bobo cada vez que sobre las notas se adivinaba su incontenible canturreo. Excéntrico y desmesurado, encantador y educado, frío y socarrón, se presentaba a los conciertos con mitones, abrigo y bufanda, hiciera el calor que hiciera; sumergía durante 20 minutos los antebrazos en agua caliente antes de un concierto y siempre utilizó la misma silla desvencijada de madera con respaldo y casi sin asiento, con las patas recortadas, lo que hacía que su cabeza quedara casi a la altura del teclado. Odiaba los formalismos y el academicismo y fanfarroneaba de poder enseñar a tocar el piano sólo por el tacto a cualquiera. Apenas ensayaba, se aprendía la partitura y a lo sumo probaba si sus manos podían hacer algún pasaje en apariencia complicado, o al menos eso decía en anguna de las entrevistas con Cott, pero con Gould uno nunca sabe si estaba en serio o simplemente jugando. Se dice que tenía el síndrome de Asperger (ese cajón desastre para explicar lo inexplicable). Le gustaba disfrazarse o sería mejor decir que le gustaba dar rienda suelta a sus alter-egos, como el musicólogo alemán “Karlheinz Klopweisser”, el director inglés “Sir Nigel Twitt-Thornwaite” o el crítico americano “Theodore Slutz”; en 1964 decidió no volver a dar conciertos. Aún me queda por ver "Glenn Gould Hereafter" documental sobre su persona, pero de momento en La Pecera me conformo con perder la mañana "viéndole" tocar...
Si alguien tiene a bien regalarme esto prometo amistad eterna...

Watch the full episode. See more American Masters.

5 comentarios:

evelio guzman dijo...

Me ha gustado mucho tu escrito y he tomado nota de los libros y del músico genial.Un placer leerte como siempre.Saludos.

Librería La Pecera dijo...

Novela, biografía y libro de entrevistas sobre Gould, ya me dirás qué te parecen. Me alegra "verte" de nuevo...
Saludos

Ana S dijo...

Muchas Gracias Juami, estupendo tu escrito sobre éste GENIO.
besos

Fiona Dayls dijo...

Me ha encantado lo que has escrito,yo hace unos días que he descubierto a Glenn Gould y en cuanto vi su forma de tocar supe que era Asperger,no sé...era ver que tocaba de forma diferente al resto,fuera convencionalismos y me hizo llorar de la emoción.

Mi más sincera enhorabuena.

Me gustaría dejarte mi Facebook si no le parece a usted mal,para aprender,amo la música.
Fiona Dayls.

Gracias.

El Mirlo dijo...

Comparto tu admiración por este gran intérprete. No sé si habrá otro mejor de compositores clásicos, como Bach.