Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

Nota informativa:
Este era el blog del antiguo dueño de LA LIBRERÍA LA PECERA. Dejó de actualizarse en 31 de marzo de 2011. Las opiniones aquí vertidas no se corresponden con la nueva gerencia de la Librería.
Nuevo blog: http://elcaimansincopado.blogspot.com/

Dirección de la nueva libreria: www.librerialapecera.es

lunes, 31 de enero de 2011

El suave desfile de las noches en vela rodeado de peces mudos

Abro la tienda, enciendo el ordenador; mientras se cargan los programas, barro, me hago un té, elijo el disco que quiero que suene hoy lunes el primero, abro el blog y sin pensarlo mucho pincho en Nueva entrada. Suenan Wilco con Billy Bragg y, mientras tecleo, pienso que me quedan dos meses exactos de ser librero. En abril ya no seré librero. Hay muchas cosas que arreglar y entre todas ellas a veces se cuela la pregunta de qué haré con este blog. Qué mejor para escribir que voy a dejar de ser librero (y autónomo) que hacerlo mientras escuchas una canción que se llama "California Stars" pero lo malo de escuchar canciones así es que al final hacen que no puedas escribir. Parar de teclear y poner cara de tonto es lo único que se puede hacer escuchando algo así, y soñar, aunque uno odie esta palabra, por hueca, torpe y por ser el comodín de los lugares comunes. I'd like to rest my heavy head tonight, on a bed of California stars... I'd like to lay my weary bones tonight, on a bed of California stars. I'd love to feel your hand touching mine and tell me why I must keep working on. Yes, I'd give my life to lay my head tonight on a bed of California stars... I'd like to dream my troubles all away on a bed of California stars. Jump up from my starbed and make another day underneath my California stars. They hang like grapes on vines that shine. Woody Guthrie... Wilco poniendo música a letras de Woody... Descansar mi pesada cabeza en una cama de estrellas californianas...



Tarjeta de visita de un librero diletante
La librería cambia de dueño. Ser librero es un estado de ánimo (y ser librero en NY debe ser la pera entonces). Tengo dos meses para decidir qué hago con esta página, este blog, este cajón desastre totalmente impúdico que poco a poco ha ido recluyendo en un ostracismo alienante a mi libreta y mis lapiceros, que apenas salen ya de mi mochila. Seguramente recuperaré el arte de escribir a mano cuando deje de estar tanto tiempo frente al ordenador porque ya no venga a abrir la tienda que pinté yo solo, cuyas paredes cubrí de estanterías yo solo, cuyo luminoso ayudé a poner tomando a Herman Munster como santo patrón y a Moby Dick como mascota, cuando deje de venir a diario a esta librería que pronto dejará de ser mía. No me entusiasma la idea de cerrar el blog, no porque tenga como título el mismo que un negocio del cual dejaré de ser dueño, lo cual entiendo hasta cierto punto (hasta el punto de la cifra del traspaso acordado tras el regateo feroz), sino porque siempre he separado muy bien el blog de la librería, tomando como narrador/autor a un librero que es mitad sosias mitad némesis de mí mismo, jugando al despiste y escribiendo tomando como excusa la librería, no haciendo del blog un vehículo de publicidad de la misma. Mi error fue llamarla igual, pero es que al principio pensé que la librería La Pecera era yo, y yo era la Pecera, pero no, y ahora tenemos un problema, meramente nominal, pero problema al fin y al cabo.  Tengo dos meses para decidirlo, no tengo prisa. Me tomé el rescate de mis batallitas por París de hace 5 años como un paréntesis para pensar cómo volver a escribir sabiendo que mi definición como librero tenía fecha de caducidad; ha pasado la semana y no sé qué hacer aún. Una cosa sé, me siento menos atado, menos precavido, más relajado, pero a la vez tengo cierta angustia por ver cómo corto el cordón umbilical que me une a la librería sin mandar a la mierda más de dos años de dietario voluble (y que Vila-Matas me perdone).

 
No me perdono haber olvidado por completo el vídeo que una amiga hizo de la librería cuando la librería no estaba más que en mi cabeza, un día que vino a visitarme desde Madrid y le enseñé el local vacío y lleno de polvo que acababa de alquilar. Días después me envió dicho vídeo que no reparé que hacía mientras yo subía persianas y hablaba sin parar sobre lo que quería hacer y me compraba ropa que me estaba grande, cuando no sabía lo que suponía eso de ser trabajador autónomo y repetía la gracieta de que ésta era la única manera que tenía de ganarme la vida con la literatura, aunque fuese con la de otros, como si fuese una genialidad cuando en el fondo, y siendo benévolo, era hacer una victoria de lo que yo creía que era una derrota. Y de esa victoria o de esa derrota he vivido cuatro años y medio. Ahora he vuelto a ver el video; cuando ayer recordaba cómo era el local antes de que los libros lo inundaran lo recordé; Andrea lo hizo a principios de agosto del 2006. Empiezo a pensar que echaré mucho más de menos de lo que creo eso de ser librero y dueño de tu propia librería, pero sé que es la única salida para seguir...

miércoles, 19 de enero de 2011

The Rolling Stones escuchan Wild Horses


¿Qué censor pensó que esta portada es más suave que la original?
Yo no sé qué cara tengo cuando escucho alguna de mis canciones favoritas, no sé qué cara pongo cuando me dan una buena noticia, ni cuando estoy en la ducha cantando, ni cuando hago el amor, ni cuando tengo un orgasmo, ni cuando estoy en un concierto y sé que soy feliz, no lo sé, ni tampoco lo había pensado (alguna vez, tal vez, seguro). Respecto a lo del orgasmo, eso tiene fácil solución, con apuntarme a Beautiful Agony lo solucionaría rápido, con el resto pues supongo que igual, con grabarme o hacerme alguna foto, listo, pero no estoy yo por la labor de convertirme en un entomólogo de mí mismo (Kafka dixit). Y pensar que todo esto es para hablar de lo Rolling Stones... Sí, es un tanto ridículo, lo sé, pero el otro día una amiga compartió en FB un video de esos que te sorprenden, que te colman de gozo como buen mitómano que eres y que te dejan enganchado. ¿Qué cara pusieron los Stones cuando escucharon por primera vez en el estudio una primitiva versión de su canción "Wild Horses"? ¿Satisfacción, placer por el trabajo bien hecho, sorpresa, regocizo, ausencia, regodeo? Supongo que algo de eso, o no; no soy digno de sopesar el genio, y por tanto mucho menos de conjeturar sobre cómo se siente o qué se siente. No se me ocurren más cosas, salvo volverlo a ver. Dicciembre de 1969, Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Mick Taylor y Jim Dickinson escuchando en el estudio Wild Horses. Extraido del documental 'Gimme Shelter'. Los Stones la grabaron, junto con otras canciones de Sticky Fingers, en los estudios Muscle Shoals de Alabama a principos de diciembre de 1969. Se dice que Wild Horses fue escrita por Keith Richards inspirado por los sentimientos enfrentados que sentía por el hecho de tener que dejar a su hijo Marlon para irse de gira con la banda. Nunca sabremos la mano que tuvo Gramm Parsons en su composición, ahí cada Stoniano tiene su opinión. Estoy leyendo el maravilloso libro de Kiz Richards, Vida, memorias, pero llevo poco y no sé si hablará de eso. Muchas veces me he tumbado a escuchar esta canción, y nunca me canso de ella. Estoy deseando que haya por fin un día soleado de invierno para ponerla en el coche, mientras conduzco por una maltrecha carretera comarcal a media tarde y persigo a un sol radiante incubando ilusiones nuevas.

Watts se prepara, con los ojos cerrados, no mueve un músculo en los primeros acordes, hasta que Mick canta los primeros versos, que abre los ojos y uno se pregunta qué piensa alguien como él en esos momentos; igual nada; Richards con los ojos cerrados, sobrado, cantando y satisfecho, orgulloso como padre la canción que lleva tantos meses dando forma, dios sabe si pensando qué o en quién; Jagger algo nervioso al principio, y luego visiblemente complacido (no es para menos); Jim Dickinson sabiendo que la canción era enorme, se relaja y escucha; Watts no sé si con sueño, tal vez preguntándose por qué le estaban grabando, perdido o no; y Taylor comedido, con mil preguntas y con esa cara de no saber porqué le habían invitado aún a esa fiesta, incapaz de calibrar su inmenso peso en esa histórica y definitivamente mastodóntica banda. Y el video termina y uno hace exactamente lo mismo que Mick, pero sin ser Mick, claro, aunque no deja de ser curioso que posiblemente ese gesto similar incluya el eco de la misma palabra resonando en la cabeza, la suya, la mía, la de cualquiera, "cojonuda"... Pocas manifestraciones artísticas nos han dejado momentos visuales tan significativos como la música...

Para saber más de este film: http://www.miradas.net/2009/03/contraplano/gimme-shelter.html 

En la web del grupo han colgado la que ellos consideran que es una de las mejores interpretaciones de "Wild Horses" que nunca hayan hecho (en este punto de la historia de los Stones uno se pregunta quiénes, pero yo no diré que no han acertado, desde luego...). Jagger se   acerca al micro y dice: "Vamos a hacer una canción muy, muy, muy triste". Knebworth, 1976... "Wild horses, could't drag me away"

 

martes, 18 de enero de 2011

Las manos de Clara o el poder de la música

"Las manos de Clara o el poder de la música" es un relato de Teo Serna, amigo, escritor, pintor, diseñador, poeta de salvajismo interno y desaforado, melómano brutal, conversador socrático de vocación y parco en palabras por rebeldía. Tengo el honor y el placer de tener su visita en La Pecera de manera regularmente matutina, a veces sólo para saludar, otras para comentar algo que quiere compartir, otras sólo para hablar un rato, y siempre, cuando se marcha, pienso que me alegra que haya venido aunque a veces me lamente de estar liado con cosas y no poder otorgarle la atención que merece. El otro día, no sé cómo, hablamos de Schumann, de hecho nunca sé cómo terminamos hablando de ciertas cosas cuando viene y me dijo, como si nada (él siempre dice las cosas como si nada, aunque sean incontestables) que en un libro suyo hay un relato breve sobre Schumann, o sobre la mujer de Schumann, Clara, o sobre sus manos, no sé exactamente. Se acercó a la estantería y sacó su libro, "Lecciones de anatomía" editado por Huerga y Fierro en 1997 y me lo dejó en el mostrador; cuando se fue le dije que lo leería y me puntualizó que lo mejor era leerlo escuchando el segundo movimiento (Langsam) del concierto para violín y orquesta en Re menor de Schumann, como fondo. Vi que el relato era muy breve y lo dejé para luego (malditos pagos a Hacienda). Como soy obediente, el domingo cuando me senté a leer su cuento, busqué dicha pieza (no tengo ese disco, de hecho creo que no tengo ningún disco de Schuman) en la web y lo leí. Terminé y no pude dejar el libro, pues me pareció asombroso, como una bofetada mientras masticas una deconstrucción de atún de almadraba con salsa de pistachos, es decir, que estás estupefacto por la explosión de sabor pero no sabes por dónde te vienen las hostias. "Lecciones de Anatomía" reune una serie de relatos cuyo demoninador común es la mujer, o sus partes, obsesión suprema desmenuzada y puesta ante ti en una suerte de universo vasto conectado por referencias que a cada frase salen disparadas por doquier. "El lunar de Lotaria o nada es lo que parece", "El dedo de Paula o los misterios de la Luna", "El estómago de Merceditas o la cucurbitáea gestada" o "El perfil de Betsabé o la incitación a la papiroflexia" son algunos de los títulos. Nada es casual en esos relatos, nada se cita o se dibuja o se bosqueja sin un motivo. El libro está dividido en tres partes, la primera, que trata de partes externas, o sea, aquéllas fácilmente accesibles en la desnudez, sea inocente o no, la segunda, que trata de partes internas,o sea, aquéllas que no están a la vista, o requieren de intervención para llegar a ellas, y la tercera, que trata de partes que quizá no lo sean, ya por intangibles o sutiles, pero que conforman las maneras y modos de la mujeres; tres partes que se completan con un glosario onomástico, el cual, a su vez, rompe sus márgenes y se convierte en un relato más, cerrando los anteriores, dando pistas, detalles que faltaban, jugando con todo. Borges, Quignard, Schwob... Absolutamente recomendable. El libro está descatalogado, pero a él le quedan unos 15 o 20; yo le he pedido cuatro ejemplares que quiero regalar a amigos que sé que les puede gustar y que me gustaría que leyeran; dejaré uno en la Pecera,  por si acaso (el que sacó del estante ya no vuelve, me lo quedo)... Una pena, pero el mundo editorial está lleno de historias así, de hecho ni siquiera aparece en el catálogo de la editorial; me dijo, de pasada, que nunca recibió dinero por derechos de autor o por liquidación de ventas, y que alguna agria discusión tuvo al respecto...


"Las manos de Clara". Teo Serna. Lecciones de anatomía. Huerga y Fierro editores, 1997.

Endenich, Octubre, 1855
Mi querido Johannes:
Me apresuro  a escribirte aprovechando estos momentos en que la razón acude a mi mente, cansada sin duda de tanto vagar solitaria por los rincones del manicomio gris donde me encuentro.
Aún me vienen a la memoria, con la transparencia del cristal, los gloriosos días de Düsseldorf, en la primavera de 1853, con el revuelo que armó mi artículo en la Neue Zeitschrift Für Musik, y lo que nos reímos juntos, frente a una jarra de cerveza, cuando Vd. me decía: "¿No le parece, Schumann, que eso de un hombre joven a cuya cuna dieron guardia las Gracia y los Héroes es demasiado?" Sí, Johannes, entonces reímos. Yo estaba ultimando mi concierto en re menor y Vd. tenía entre manos su sonata en fa menor. Y hablando de manos... ¿recuerda las de mi Clara? ¡Cómo olvidarlas! Cuando se posaban sobre el teclado, su firmeza de mármol se volvía ligereza de pluma y saltaban, volaban sobre la superficie blanquinegra con la agilidad de la alondra.
La primera vez que vi a Clara (lo recuerdo perfectamente) fue en casa del doctor Carus: nos reunimos varios amigos para hablar de música y de poesía; entonces apareció ella, frágil, con el pelo recogido por una pequeña cinta dorada. Llevaba un vestido largo, rosa, ceñido a la cintura con un lazo negro. Esa tarde tocó la sonata patética y todo dejó de existir, salvo ella y Beethoven. Y nada en ella era más cierto que sus manos. Me enamoré al instante. Yo tenía 19 años; ella 9, pero supe que los dos estaríamos unidos siempre. Incluso aquí, ahora, la veo entre las sombras, sus manos saltarinas dibujando mariposas en el aire. Papillons. Nadie las tocó como ella. Nadie podrá tocarlas como ella jamás. A veces creo que sin ella mi música nada valdría. No existiría. Quizá yo tampoco.
No sé el tiempo de lucidez que me quede. Quisiera escribirle a Clara, decirle -otra vez- que la añoro, que la ausencia de sus manos descubre el silencio y que lo terrible se me revela con una certeza de gruta oscura y fría. Si la ve, Johannes, dígale esto; dígale, también, que perdone los celos que alguna vez sentí hacia ella, hacia su fama, hacia sus manos.
He de dejarle ya, el doctor me visitará pronto y a él no le gusta que escriba demasiado. Estos días han sido tristes. Dibujaré en un papel sus manos. Las manos de Clara. Las recortaré luego y las colocaré en el techo. Sobre las paredes se proyectará su sombra cuando la luz de la tarde pase por la ventana. Cogeré entonces un espejo y lanzaré rayos y más rayos. En todas direcciones. Será un tiovivo de sombras, un manantial de manos oscuras, una cajita de música destapada. Sus manos surcarán este pesado ambiente buscando mi razón, mi memoria. y las encontrará sin duda entre las flores marchitas que tengo en el jarrón. Serán sus manos quienes me salven otra vez, quienes me resuciten, quienes me rescaten de esta pesadilla.
¿Se imagina, Johannes? la habitación toda llena de manos fantasmas, fantásticas, toda llena de espíritus puros que volarán como papillons de clara sombra. De sombra clara. De Clara.
Reciba un fuerte abrazo de: ROBERT.

P.D. ¿Verdad que tratará de editar mi concierto para violín? Nadie lo sabe, pero el motivo inicial me lo susurró directamente al oído el alma de Mendelsson.
¡Ah, Johannes! ¡Aquellos días de primavera en Düsseldorf!



Extractos del Glosario Onomástico:


CARUS, DOCTOR: Médico alemán, residente en Leipzig; él y su mujer Agnes fueron amigos de Robert Shumann. Agnes, excelente cantante, reunió a un grupo de amigos para celebrar una velada musical; allí conoció Schumann a Clara Wieck, hija del famoso pianista Friedric Wieck

CLARA: Clara Schumann, de soltera Clara Wieck (Leipzig 1819 - Frankfurt del Main 1896), fue esposa de Robert Schumann. Célebre pianista y compositora, mantuvo una gran amistad con Johannes Brahms, quien  -se dice- estaba platónicamente enamorado de ella.

ROBERT (Schumann): Compositor alemán (Zwickau, Sajonia, 1810 - Endenich, cerca de Bohn, 1856). En 1834 fundó la revista Neue Zeitschrift Für Musik, donde realizó labor de crítica, apoyando al por entonces Johannes Brahms. Se casó con Clara Wieck, tras vencer la oposición del padre de ésta en una lucha que duró cinco años. En sus escritos, se adelanta a Pessoa en la creación de heterónimos, firmando como Eusebius (el soñador) y Florestán (el enérgico), entre los cuales aparece Maese Raro, representando la moderación. Los tres personajes (como una trinidad) representan tres facetas de la personalidad de Schumann, sostenidos en la lucha contra los filisteos en una unión de la cofradía de David (Davidbund). Murió loco en el manicomio de Endernich.

jueves, 13 de enero de 2011

"Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra", Fernando Pessoa

[AL VOLANTE DEL CHEVROLET POR LA CARRETERA DE SINTRA]
Traducción de César Antonio de Molina

Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
al luar y al sueño por la carretera desierta,
conduzco a solas, conduzco casi despacio, y un poco
me parece, o me esfuerzo porque un poco me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa atrás dejada o Sintra a la que llegar,
que sigo, ¿y que más puede haber en seguir sino no parar, proseguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
mas cuando llegue a Sintra me apenará no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre
esta desmedida angustia del espíritu por nada
en la carretera de Sintra o en la carretera del sueño o en la carretera de la vida...

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante
galopa por debajo de mí conmigo el automóvil prestado.
Sonrío del símbolo al pensarlo, y al girar a la derecha.
¡Con cuántas cosas prestadas voy yendo por el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!

A la izquierda la casucha -sí, casucha- al borde del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hasta hace poco parecía darme libertad,
es ahora una cosa en donde estoy encerrado,
que sólo puedo conducir si en ella estoy encerrado,
que sólo domino si me incluyo en ella y ella me incluye a mí.

A la izquierda, ya atrás, la casucha modesta, menos que modesta.
Allí la vida debe ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio por la ventana soñará: ese sí que es feliz.
Para el niño que atisbaba detrás de los cristales de la ventana de arriba
tal vez yo haya quedado (con el automóvil prestado) como un sueño, como un hada real.
Para la muchacha que al oír el motor miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo,
tal vez yo fuese algo así como el principe que hay en todo corazón de muchacha,
y de reojo pegada al cristal me siguiese hasta la curva en que me perdí.

¿Dejo los sueños a mi espalda, o será el automóvil el que los deja?
¿Yo, conductor del automóvil, o el automóvil prestado que conduzco?

En la carretera de Sintra al luar, en la tristeza ante los campos y la noche,
mientras conduzco el Chevrolet prestado desconsoladamente
me pierdo en la carretera futura, me sumo en la distancia que alcanzo,
y en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero...
Pero mi corazón quedó en el montón de piedras del que me desvié al verlo sin verlo,
junto a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra al filo de la medianoche, al luar, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí...

lunes, 10 de enero de 2011

The Avett Brothers. Live Volume 3. Ruta 66

Esto que voy a copiar ahora podría haberlo escrito yo, de hecho, la primera frase la pensé exactamente igual en la ducha antes de ayer mientras volvía a escuchar, de nuevo, I and love and you de The Avett Brothers, y cantaba como un poseso bajo el agua,  así que cuando he leído esta reseña hace un rato, me ha dado un extraño escalofrío... 
Extraído del Ruta66 de enero y escrito por Toni Castarnado, subscribo palabra por palabra. Y tocan en el Azkena de este año...

THE AVETT BROTHERS. LIVE VOLUME 3

"Sin lugar a dudas, I and love and you es el disco que más he escuchado durante este curioso e inovidabe 2010. Unas canciones que me han acompañado siempre en los momentos buenos y también en los malos. Porque esas canciones tan saludables han sonado a todas horas en mi destartalado coche, en mi iPod mientras paseaba por la ciudad, haciendo una pila de kilómetros en la cinta de correr sudando la gorda, cocinando lo que buenamente sé y puedo... Por lo tanto, la edición de Live Volume 3 era para mí algo parecido a una cuestión de estado, una necesidad de primer orden. A la espera de que algún promotor se juegue su dinero o que en cambio sea yo quien me lo gaste cogiendo un avión para verles en directo, este artefacto es de momento un gran consuelo para un servidor. Grabado un mes antes de la publicación de I and love and you en Charlotte, ciudad que es la cuna del basket universitario, aquí suenan las canciones de discos anteriores, Mignorette, Four Thieves Gone o, por ejemplo, Emotionalism, la muestra que les enseñaba a los chicos que había otro camino que escoger. También algunas de su aclamado último disco, aunque curiosamente se nota que a éstas les faltaba un poco de rodaje en directo, aunque piezas como "The Perfect Space" o "Kick Drum Heart" suenen como los ángeles. Enérgicos, optimistas, con amplitud de registros, unas voces que retumban en todo momento en tu interior, canciones como la espiritual "The Ballad of Love and Hate", la agresiva "Colorshow" o la tremebunda "When I Drink" no pasarán en balde, eso seguro. Una maravilla..."
Toni Castarnado

I and love and you...


Live...

Video de su gira europera del 2010 (no pasó por aquí, claro), segunda parte, Paris to Amsterdam, y preciosa versión desnuda de Kick Drum Heart.

De revistas de música, regalos, periodistas y fin de fiestas


A los libreros no sólo nos gusta leer en la cama, también nos gusta que nos regalen libros o cochecitos de juguete

El día de reyes bajo el árbol había una bolsa llena de libros, todos eran para mí. La bolsa la había puesto yo. No estaban envueltos, ni me importaba ni me apetecía envolver veinte libros, uno por uno, aunque ahora que lo pienso hubiera estado divertido romper el papel rojo que los hubiera ocultado y descubrir cada uno de los libros, pero como dice mi amigo Ramón, el español siempre piensa bien, pero tarde. Al salir la noche anterior hacia casa, cerré cinco minutos antes y como un bastardo lacayo de rey mago que nadie quiere y con saca de esparto robada de un cuento de Dickens donde niños pobres las pasan putas y reputas, fui escogiendo libros, sobre todo esos que pedí para dar caché a la Pecera en tan insignes fechas y que salvo excepciones heroicas nadie compró (Eduardo me dejó sin mis libros de Alejandro Zambra, pero eso es subsanable, de hecho los acabo de recibir de nuevo) y que llegado el día 5 de enero todavía seguían ocultos por las estanterías y la mesa de novedades. No diré los que eran, pero más por pereza que por otra cosa.
Hoy escribo, en mi primera mañana a solas desde hace tres, cuatro o cinco semanas, sentado en la cocina, café en mano y con la Keef Hartley Band (Halfbreed) sonando con garbo. El gato me mira, evidentemente, una vez escrito esto, recuerdo que el gato de Gloria Fuertes maullaba todo el rato, y que algo pasaba con una araña; le hago la rima al gato, que me mira y se da la vuelta con desprecio antes de que acabe el verso.
Los libreros, los que tienen un blog y son libreros, no escriben durante estas fechas, como cualquier otro tendero estiloso o grasiento, o quizá un tanto mod o seguramente de mercadillo, pues pasan los días y en lo último que piensan es en sentarse a escribir cualquier cosa. Da vergüenza decir que el librero se cansa o se puede cansar, no son ladrillos lo que levanta, aunque algún que otro libro lo parezca, pero durante al menos quince días todo se resume en hacer paquetes con papel de regalo (nadie le dice al frutero "me envuelves los diez tomates por separado, y si es el papel distinto para distinguirlos, mejor", pero al librero sí, aunque haya cola en la tienda y uno agache la cabeza como un caballo con ojeras y se sienta extrañamente chaplinesco y mecanicamente alienado); envolver, comer y dormir; si tienes suerte y tienes  pareja, igual la ves de reojo un minuto antes de dormirte en el sofá algún que otro día, y si eres más suertudo aún y tienes una afición sana (médica y kantianamente impuesta) pues sacas un ratito para ella, que en mi caso es nadar. He descubierto que no nado más porque llega un momento en que me aburro, pierdo la cuenta de los largos y mi cabeza se pone a divagar, pensando tantos disparates que termino parando para dejar de escucharme (oirse respirar bajo el agua tiene algo hipnótico, desde luego, pero a veces agobia si tienes tendencia a darle demasiadas vueltas a las cosas), pero aún así, en navidad, un librero es alguien un poco más mimético de lo habitual, que va y viene a la librería con sueño acumulado y sonrisa de buena persona (que lo sea o no ya es otro cantar), y nada más. Así que como hace años que nadie me regala libros, me los regalé yo el día de reyes. Nadie me regala libros por motivos evidentes, aunque lo echo de menos, una librería no es una huerta, los libros no me nacen de debajo del culo (y mucho menos si pretendo escribirlos yo, pero ese es otro cantar), así que me di un homenaje. 20 libros para casa. Los tengo aquí delante, haciendo minaretes ante la ventana; a pesar de todo el libro me sigue pareciendo un objeto precioso. Pero no empezaré ninguno, al menos no esta semana que entra. Esta semana, como todas la primeras semanas de cada mes desde hace veinte años, solamente leeré prensa musical. Es raro que nunca haya dicho nada al respecto. Acabo de volver de comprar el Ruta 66.

He esperado a que pasará la navidad para comprarla. Compro tres revistas, Popular 1, This is rock y Ruta 66. La primera por una mezcla de inercia y esperanza; inercia porque llevo, eso, 20 años comprándola, mes a mes, y es un hábito del que no me quiero desprender, aunque flojeé a veces y haya meses que solamente lea la sección de correo y el apéndice y alguna que otra entrevista (vale, sí, me la leo enterita....). This is rock la compro por algún que otro artículo de algún disco o banda clásica, poco más me atrae de esa publicación (las reseñas de discos son de chichinabo), pero eso sí, cuando clavan un artículo de esos, aciertan de lleno. Ruta 66 la compro con solaz, nerviosismo, ganas y necesidad; hoy por hoy esta revista está a años luz del resto, y más desde que cambiaron de imagen y ampliaron miras. Jaime Gonzalo e Ingacio Juliá merecen un monumento. Desde que comencé a hacerme con ella esporádicamente (recuerdo que vivo en un sitio llamado Manzanares, si ya es de aúpa para encontrar según qué cosas, hace 20 años ni te cuento) me llamó la atención algo que hoy por hoy sigo manteniendo y esgrimiendo como motivo para seguir comprándola cuando algún amigo me pregunta sorprendido por qué compro esta revista,  y es que está escrita de putísima madre. Lo de Ignacio Juliá es digno de admiración, en serio, creo que no hay en este país un periodista (no sólo musical) que escriba como él, conciso, imaginativo, con recursos, certero, sorprendente, con mil referencias y con oficio como para dar sopas con onda a cualquier plumilla. Jaime Gonzalo también, pero de otro modo, tal vez por ese tono sombrío que esgrime en los últimos años, como de vuelta de todo, quizá resentido o perro viejo, pero supongo que son cosas mías (el rescate del artículo de Gram Parson del número del 25 aniversario es para enmarcar). Si el rock es algo, si significa algo más allá de la música, si es algo que se puede entender como forma de vida, o de verla y encararla, está entre las líneas de esa revista. Suena exagerado, lo sé, pero lo siento así. La editoriales de Juliá son bestiales; siempre lo han sido, pero desde que tomaron la decisión de delegar dentro de la revista, se les ve (a Juliá y a Gonzalo) más sueltos, más mordaces, más tranquilos; y siempre han cuidado mucho a sus colaboradores, quiero decir, que no escribe cualquiera, o al menos eso se desprende de la lectura de la revista; te pueden gustar más o menos ciertos periodistas, pero siempre da gusto leer la revista enterita; yo me he tragado artículos de cosas que ni me interesaban sólo por curiosidad (recuerdo un artículo sobre coches Hot Rods que al acabar me dió ganas de tunear a mi perdigón). De vez en cuando te sorprenden gratamente (aún...) soltándote un artículo soberbio sobre situacionismo y Guy Debord, o sobre cine de romanos o  bélico, y cuando hacen algún artículo ne profundidad sobre algún grupo, puedes estar seguro de que será serio y completo (hace un par de números, el artículo sobre Captain Beefheart y el Trout Mask Replica casi me salta las lagrimas) y me he lanzado a la caza de discos o libros por lo que he leído allí. Si mi cultura musical vale de algo o es algo, es gracias en gran medida a estas publicaciones.

Ignacio Juliá, un grande
Compro las tres que he dicho, pero se nota cuál es mi predilecta (lamento que en el Ruta no salgan Y&T o Dio, pero para eso tengo el Popu, será por recursos...), no siempre fue así (muchos años fui un popuhead de cuidado, pero algo me pasó con la entrada del siglo XXI) pero con los años se ha ganado mi corazoncito. ¿El número de enero del Ruta, el que me acabo de comprar? Fabuloso. Reportaje de Pink Floyd (época del muro), informe sobre psicodelia 2011, reportaje sobre el arte del cartel Rock, entrevista a Tony Visconti, a Lapido, a Posies, a Willie Nile, una entrevista también a la editorial La Felguera, reportaje sobre el ABC del blues, sección de cine y libros, críticas de discos (críticas de verdad)...  En qué otra revista puedes leer una pregunta como (atención) "¿No es la contracultura una mistificación como ocurre con la cultura oficial a la que pretende contrarrestar?, ¿no sirve para los mismos propositos megalómanos y de promoción personal de unos disientes que si lo son, en su mayoría, es porque no pueden ocupar un puesto en la cultura oficial?, ¿no somos todos los que atendemos a la contracultura, aún a nuestro pesar, unos cómplices de esa cultura que ha hecho de la contracultura una némesis en la que reafirmarse?" Ala, cométela sentado.... (ya dije antes que veo a Jaime Gonzalo un poco de vuelta)  ¿Vas a leer alguna pregunta así disparada por un periodista en el Babelia o en el Rock de Luxe? Ya...

Para alguien cuya postura favorita para leer es tumbado con las piernas en alto o en la bañera, seguir comprando libros (y revistas) es algo casi vital; claro que leo blogs, y páginas de música,  pero soy un hipster y el ordenador no me llama para leer mucho rato, y llega primeros de mes y necesito mi ración de prensa musical seria (y a veces sin el adjetivo musical). Son muchos años así, y siempre es igual, esté leyendo lo que esté leyendo, lo aparco y hasta que no devoro esas revistas no retomo la lectura de nuevo. Cuando las cosas se ponen cuesta arriba siempre pienso lo mismo, me imagino a Phil Lynott y a Henry Miller a mi lado y me repito a mí mismo el subtítulo del Ruta a modo de cutremantra, "son tiempos de rock&roll" y tiro para adelante, siempre adelante. Feliz, y literariamente rockero o rockeramente literario, lo que prefieran ustedes, 2011.

 


Deséale feliz 2011 a Lou