Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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jueves, 25 de noviembre de 2010

La Pecera no está en el 84 de Charing Cross Road, lamentablemente

Gustavo se echa la siesta mientras Triki desayuna y piensa si le apetece menú infantil o no

LA PECERA & CO.
18, VIRGIN´S PEACE STREET
MANZANARES
LA MANCHA COUNTY
IsPain
Estimado cliente:

Nos alegramos mucho de que le haya llegado el pedido en condiciones hasta tan lejano destino, esperamos que los libros sean de su agrado. Agradecerle también la postal que nos ha enviado desde Constantinopla, nos parece preciosa, lástima que sean ciertos los rumores que hablan de que le cambián el nombre a tan increible ciudad pronto.  Sí, Estambúl no suena mal, pero Constantinopla queda más literario, dónde va a parar (Por eso Agatha Christie tituló su obra "Asesinato en el Orient Express", porque le jodió no poder titularla "Asesinato en Constantinopla", que era el que le gustaba y, entre ponerle "Asesinato en Estambúl" y "Poirot viaja aburrido en el Orient Express hasta que matan a alguien y entonces comienza la fiesta", prefirió mezclarlos). Ansiamos recibir noticias al respecto cuando a usted le parezca menester respondernos sobre tan sugerente tema.

Carmén Elías con un librero que lamentablemente no soy yo
El librero jefe de La Pecera se está releyendo "84, charing cross road", y le está gustando; lo ha empezado un momento antes de subirse para el servicio, no piense que exagero si le digo que cuando baje lo habrá acabado, es tan fino que a mi me da coseja cobrar por él cuando alguien lo compra. Yo vi la adaptación teatral de ese libro, no porque la dirigiera Isabel Coixet, que de cine sabrá mazo pero de teatro como que no tanto, sino porque trabajaba Carmen Elías, que es mi mito sexual hispánico de la niñez (ella, la morena  novia del capitán Furillo de Hill Street Blues y la desconocida protagonista de La lozana andaluza, casposa película del destape cuya escena del baño con jofaina se me grabó de por vida al verla reflejada desde la tele del salón en el espejo del pasillo escondido tras una puerta mientras mis padres se dormían en el sofá sin saber que su hijo estaba olvidándose para siempre de su barco pirata de los "cliks de famovil"; esas tres, por no hacer una lista ahora muy extensa, tienen la culpa de muchos de mis males) Retomando el hilo, le confieso que lamento que nuestra correspondencia no pueda ser por los cauces del ilustre (y reconfortante) servicio postal del estado apañó, pero desde La Pecera & Co. vemos con buenos ojos la fluidez y la rapidez que este método nos proporciona; al librero jefe le jode gastarse ahora más en timofónica que lo que antes se gastaba en sellos, pero al menos ya no pasan semanas entre carta y carta. Hablando de cartas, debería conocer a nuestro nuevo cartero, parece Yuri Zhivago, con ojitos de susto y bigote elegante; el jefe dice que cada vez que entra en la librería espera que se sacuda la nieve de los hombros, y a mi, cuando me entrega las cartas me entran ganas de consolarde de eso que sea que le ocurre y que le tiene tan triste. Por eso el jefe me renueva el contrato cada mes, dice que no puedo evitar ser literario; cuando le dije que el cartero me recordaba al doctor Zhivago se rió a gusto y luego me dijo que a él le recordaba a Maniñas de joven y, claro, no hay color.

A continuación, y sin más dilación, le paso a detallar las últimas novedades reseñables que hemos recibido, así como alguna reedición que creemos interesante.

En Anagrama ha salido la nueva de Paul Auster, "Sunset Park", pero eso seguro que ya lo sabe, también ha salido "Los Once" de Pierre Michon, lo que nos ha servido de excusa para reponer todo Michon (ays, "Vidas minúsculas"... no puedo evitar suspirar recordando su lectura) y de paso los hemos colocado a todos en un apartadito del escaparate. Ayer el jefe se subió al servicio una novela llamada "El hombre que plantaba árboles" de Jean Giono, una elección muy apropiada para hacer chistes y chascarrillos pero que es una novela juguete, tanto por la edición (pop-up) preciosa de la editorial Duomo como por lo que contiene; cuando el jefe sabe que estoy pensando que es un lector cagón (que no es lo mismo que un cagón lector) me lee la mente y me contesta que unicamente sigue los consejos de Henry Miller y que la mejor selección de una librería ha de estar apilada en el servicio y me vuelve a repetir que "El hombre que plantaba árboles" es su novela eco-naif favorita; supongo que con eso me está lanzando indirectas para que suba a limpiar y deje el baño como los chorros del loro (¿o eran de oro?), pero como se tira todo el día leyendo ahí lo veo dificil. También nuestro librero jefe está más que entusiasmado con un escritor (también de Anagrama, fíjate) llamado Robert Coover, más concretamente un libro llamado "El hurgón amarillo" novela de relatos absolutamente genial (asímismo le remito también el título "Zarzarrosa", del mismo autor, un librito fascinante en el que recrea el "mito" de la bella durmiente en clave cínica...).

Y para terminar con el apartado de novedades, le señalaremos someramente algunas más, aunque le invitamos a navegar por internet para ver sinopsis y críticas (qué bonito, esa es la diferencia entre la red y correos, por la primera se navega y la segunda va por avión o mecanismo terrestre enruedado). Nosotros, todo hay que decirlo, ya le hemos pasado un filtro (uno pequeño, como de cafetera vieja) a la seleccíón que, sin más demora, le detallo a continuación. "No voy salir de aquí", de Micah P. Hinson, de la editorial Alpha Decay. "Algo que brilla como el mar" de Hiromi Kawakami, de Acantilado, y dos cosas de la editorial Impedimenta (bonita como ella sola). "Los escritos irreverentes" de Mark Twain, que es un libro para hacer la lagartija panza arriba una tarde de primavera en el parque del Retiro, es decir todo gozo y solaz, y "En mitad de la noche un canto" de Jiri Kratochvil, que, antes de que me reproche que sólo lo pongo por ser checo, como Milos, como Bohumil, como Milan o como Vera Kresadlová, le diré que es un libro precioso: "Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos axfisiante de los lanzacohetes katiuska como ruido de fondo, y nací poco antes de la Navidad de aquel año que sería el último de la guerra y el primero de la paz"... ¿Le diría usted que no a un libro que empieza así?

Hay más novedades, demasiadas tal vez. Si me pregunta a mí, le diré que últimamente estoy enfrascado con la autobiografía de Slash; con un subtitulo como "Puede parecer excesivo... pero eso no significa que no sucediera" ya tienen ganado a este rockero de incognito que es uno. Y para compensar y no verme como un triste que en vez de librero tendría que haber sido rockstar (aunque habría muerto ahogado por el vómito de una groupie preciosa a los veintisiete y no estaría ahora escribiendo eso...) estoy leyendo un libro genial llamado "Cocina para impostores", posiblemente el libro al que más partido le he sacado en mucho tiempo (y ríase usted del "El hombre multiorgásmico"). Sumamente divertido a la par que útil, este libro es maravilloso, vamos, como un dildo rosa con pilas. Escrito por un tal Falsarius Chef es el jit del año en esta triste librería donde tan a menudo suenan lamentos y donde el suelo se llena regularmente de cuero cabelludo y pelos canosos por los tirones desesperados del jefe cuando comienzan a llegar facturas. Por ejemplo: receta para hacer Almeja marinera, y le cito textualmente copiando el libro, de verdad de la buena: Ingredientes: 1 lata de almejas al natural, 2 o 3 dientes de ajo, 1/2 cebolla, 1 guindilla pequeña, 1 vaso de vino blanco (opcional), aceite de oliva extra y sal. Preparación: picas la cebolla, troceas el ajo en láminas y lo pones al fuego con una guindilla pequeña (cayena, la venden en botes como los de las especias). Cuando lo veas doradito añades el vino blanco y cuando hierva un poco, le añades el caldo de la lata y algo de agua, si hace falta, para que se haga una cantidad de salsa razonable. Lo tapas y lo dejas un par de minutos, moviendo la sarten para que hile bien. Cuando la veas apetitosa, añades las almejas y con una cuchara les vas poniendo salsa por encima. El motivo de no removerlas es simplemente que se pueden romper y quedan un poco feas. Estarán enseguida. Y te darán ganas de sacarlas a la calle de paseo para enseñarlas: "las he hecho yo"..." Maravilloso, puritita literatura nocilla, avant grade o avant la lettre (nunca supe qué significa eso pero siempre quise decirlo...).

Hay más novedades, pero ya se las apaña usted; por nuestra parte le adjuntamos foto del nuevo menú y un retrato de la nueva afición del jefe, fotografiarse en los secamanos de los servicios mientras busca libros escondidos por los retretes; lo sé, pero créame, aunque no lo parezca, no es mal tipo.

Sin otro particular, y rogandole pronta respuesta se despide atentamente.
El staff de La pecera

2 comentarios:

Anónimo dijo...

... antes del traspaso y la huida, avisame, amigo, bautizar la muerte solo con Whyski... y reir.

... tu amigo DRO

Anónimo dijo...

Pues yo desde que vi Alien y con mis tiernos 10 años descubrí a la Teniente Ripley, es ver a una mujer en camiseta abanderado de tirantes y bragas de algodón blancas y ya se puede ir a la mierda el catálogo de victoria's secret...

Apuntados los de Pierre Michon...

Saludos