Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

Nota informativa:
Este era el blog del antiguo dueño de LA LIBRERÍA LA PECERA. Dejó de actualizarse en 31 de marzo de 2011. Las opiniones aquí vertidas no se corresponden con la nueva gerencia de la Librería.
Nuevo blog: http://elcaimansincopado.blogspot.com/

Dirección de la nueva libreria: www.librerialapecera.es

jueves, 25 de noviembre de 2010

La Pecera no está en el 84 de Charing Cross Road, lamentablemente

Gustavo se echa la siesta mientras Triki desayuna y piensa si le apetece menú infantil o no

LA PECERA & CO.
18, VIRGIN´S PEACE STREET
MANZANARES
LA MANCHA COUNTY
IsPain
Estimado cliente:

Nos alegramos mucho de que le haya llegado el pedido en condiciones hasta tan lejano destino, esperamos que los libros sean de su agrado. Agradecerle también la postal que nos ha enviado desde Constantinopla, nos parece preciosa, lástima que sean ciertos los rumores que hablan de que le cambián el nombre a tan increible ciudad pronto.  Sí, Estambúl no suena mal, pero Constantinopla queda más literario, dónde va a parar (Por eso Agatha Christie tituló su obra "Asesinato en el Orient Express", porque le jodió no poder titularla "Asesinato en Constantinopla", que era el que le gustaba y, entre ponerle "Asesinato en Estambúl" y "Poirot viaja aburrido en el Orient Express hasta que matan a alguien y entonces comienza la fiesta", prefirió mezclarlos). Ansiamos recibir noticias al respecto cuando a usted le parezca menester respondernos sobre tan sugerente tema.

Carmén Elías con un librero que lamentablemente no soy yo
El librero jefe de La Pecera se está releyendo "84, charing cross road", y le está gustando; lo ha empezado un momento antes de subirse para el servicio, no piense que exagero si le digo que cuando baje lo habrá acabado, es tan fino que a mi me da coseja cobrar por él cuando alguien lo compra. Yo vi la adaptación teatral de ese libro, no porque la dirigiera Isabel Coixet, que de cine sabrá mazo pero de teatro como que no tanto, sino porque trabajaba Carmen Elías, que es mi mito sexual hispánico de la niñez (ella, la morena  novia del capitán Furillo de Hill Street Blues y la desconocida protagonista de La lozana andaluza, casposa película del destape cuya escena del baño con jofaina se me grabó de por vida al verla reflejada desde la tele del salón en el espejo del pasillo escondido tras una puerta mientras mis padres se dormían en el sofá sin saber que su hijo estaba olvidándose para siempre de su barco pirata de los "cliks de famovil"; esas tres, por no hacer una lista ahora muy extensa, tienen la culpa de muchos de mis males) Retomando el hilo, le confieso que lamento que nuestra correspondencia no pueda ser por los cauces del ilustre (y reconfortante) servicio postal del estado apañó, pero desde La Pecera & Co. vemos con buenos ojos la fluidez y la rapidez que este método nos proporciona; al librero jefe le jode gastarse ahora más en timofónica que lo que antes se gastaba en sellos, pero al menos ya no pasan semanas entre carta y carta. Hablando de cartas, debería conocer a nuestro nuevo cartero, parece Yuri Zhivago, con ojitos de susto y bigote elegante; el jefe dice que cada vez que entra en la librería espera que se sacuda la nieve de los hombros, y a mi, cuando me entrega las cartas me entran ganas de consolarde de eso que sea que le ocurre y que le tiene tan triste. Por eso el jefe me renueva el contrato cada mes, dice que no puedo evitar ser literario; cuando le dije que el cartero me recordaba al doctor Zhivago se rió a gusto y luego me dijo que a él le recordaba a Maniñas de joven y, claro, no hay color.

A continuación, y sin más dilación, le paso a detallar las últimas novedades reseñables que hemos recibido, así como alguna reedición que creemos interesante.

En Anagrama ha salido la nueva de Paul Auster, "Sunset Park", pero eso seguro que ya lo sabe, también ha salido "Los Once" de Pierre Michon, lo que nos ha servido de excusa para reponer todo Michon (ays, "Vidas minúsculas"... no puedo evitar suspirar recordando su lectura) y de paso los hemos colocado a todos en un apartadito del escaparate. Ayer el jefe se subió al servicio una novela llamada "El hombre que plantaba árboles" de Jean Giono, una elección muy apropiada para hacer chistes y chascarrillos pero que es una novela juguete, tanto por la edición (pop-up) preciosa de la editorial Duomo como por lo que contiene; cuando el jefe sabe que estoy pensando que es un lector cagón (que no es lo mismo que un cagón lector) me lee la mente y me contesta que unicamente sigue los consejos de Henry Miller y que la mejor selección de una librería ha de estar apilada en el servicio y me vuelve a repetir que "El hombre que plantaba árboles" es su novela eco-naif favorita; supongo que con eso me está lanzando indirectas para que suba a limpiar y deje el baño como los chorros del loro (¿o eran de oro?), pero como se tira todo el día leyendo ahí lo veo dificil. También nuestro librero jefe está más que entusiasmado con un escritor (también de Anagrama, fíjate) llamado Robert Coover, más concretamente un libro llamado "El hurgón amarillo" novela de relatos absolutamente genial (asímismo le remito también el título "Zarzarrosa", del mismo autor, un librito fascinante en el que recrea el "mito" de la bella durmiente en clave cínica...).

Y para terminar con el apartado de novedades, le señalaremos someramente algunas más, aunque le invitamos a navegar por internet para ver sinopsis y críticas (qué bonito, esa es la diferencia entre la red y correos, por la primera se navega y la segunda va por avión o mecanismo terrestre enruedado). Nosotros, todo hay que decirlo, ya le hemos pasado un filtro (uno pequeño, como de cafetera vieja) a la seleccíón que, sin más demora, le detallo a continuación. "No voy salir de aquí", de Micah P. Hinson, de la editorial Alpha Decay. "Algo que brilla como el mar" de Hiromi Kawakami, de Acantilado, y dos cosas de la editorial Impedimenta (bonita como ella sola). "Los escritos irreverentes" de Mark Twain, que es un libro para hacer la lagartija panza arriba una tarde de primavera en el parque del Retiro, es decir todo gozo y solaz, y "En mitad de la noche un canto" de Jiri Kratochvil, que, antes de que me reproche que sólo lo pongo por ser checo, como Milos, como Bohumil, como Milan o como Vera Kresadlová, le diré que es un libro precioso: "Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos axfisiante de los lanzacohetes katiuska como ruido de fondo, y nací poco antes de la Navidad de aquel año que sería el último de la guerra y el primero de la paz"... ¿Le diría usted que no a un libro que empieza así?

Hay más novedades, demasiadas tal vez. Si me pregunta a mí, le diré que últimamente estoy enfrascado con la autobiografía de Slash; con un subtitulo como "Puede parecer excesivo... pero eso no significa que no sucediera" ya tienen ganado a este rockero de incognito que es uno. Y para compensar y no verme como un triste que en vez de librero tendría que haber sido rockstar (aunque habría muerto ahogado por el vómito de una groupie preciosa a los veintisiete y no estaría ahora escribiendo eso...) estoy leyendo un libro genial llamado "Cocina para impostores", posiblemente el libro al que más partido le he sacado en mucho tiempo (y ríase usted del "El hombre multiorgásmico"). Sumamente divertido a la par que útil, este libro es maravilloso, vamos, como un dildo rosa con pilas. Escrito por un tal Falsarius Chef es el jit del año en esta triste librería donde tan a menudo suenan lamentos y donde el suelo se llena regularmente de cuero cabelludo y pelos canosos por los tirones desesperados del jefe cuando comienzan a llegar facturas. Por ejemplo: receta para hacer Almeja marinera, y le cito textualmente copiando el libro, de verdad de la buena: Ingredientes: 1 lata de almejas al natural, 2 o 3 dientes de ajo, 1/2 cebolla, 1 guindilla pequeña, 1 vaso de vino blanco (opcional), aceite de oliva extra y sal. Preparación: picas la cebolla, troceas el ajo en láminas y lo pones al fuego con una guindilla pequeña (cayena, la venden en botes como los de las especias). Cuando lo veas doradito añades el vino blanco y cuando hierva un poco, le añades el caldo de la lata y algo de agua, si hace falta, para que se haga una cantidad de salsa razonable. Lo tapas y lo dejas un par de minutos, moviendo la sarten para que hile bien. Cuando la veas apetitosa, añades las almejas y con una cuchara les vas poniendo salsa por encima. El motivo de no removerlas es simplemente que se pueden romper y quedan un poco feas. Estarán enseguida. Y te darán ganas de sacarlas a la calle de paseo para enseñarlas: "las he hecho yo"..." Maravilloso, puritita literatura nocilla, avant grade o avant la lettre (nunca supe qué significa eso pero siempre quise decirlo...).

Hay más novedades, pero ya se las apaña usted; por nuestra parte le adjuntamos foto del nuevo menú y un retrato de la nueva afición del jefe, fotografiarse en los secamanos de los servicios mientras busca libros escondidos por los retretes; lo sé, pero créame, aunque no lo parezca, no es mal tipo.

Sin otro particular, y rogandole pronta respuesta se despide atentamente.
El staff de La pecera

lunes, 22 de noviembre de 2010

Miljenko Jergovic y el ingenuo librero letraherido

Yo a veces cuando nadie me ve..
Vuelvo a hablar de libros descatalogados. Lo sé, es como si un cocinero tuviera un blog en el que hablase de recetas con carne de diplodocus, de mamut o de cómo hacer jamoncitos de lince con suflé de criadillas de gamusino; pues eso, una putada sin sentido. Supongo que es una postura, no diré que moral, pero al menos una postura ante la idea de que se edita mucho, mal y pensando en "rankins" de ventas más que en el valor de lo que se edita; por otro lado sé que lo que acabo de decir es una chorrada supina, porque a veces pienso que tal sobreabundancia obliga al lector a ser selectivo, a informarse, a depurar su gusto, a buscar la aguja en el pajar mientras por la ropa interior se te cuelan los granos de un pajar que te irrita las partes íntimas, es decir, otra chorrada sobre una industria que está a punto de eclosionar, estando por ver si esa metamorfosis kafkiana es para mariposa o para babosa. Libros, libros, libros... Hay autores que dejan de ser editados sin que se sepa porqué, y de golpe, por el capricho de un editor, vuelven a estar disponibles, y eso es un sufrimiento en según qué casos y para según qué lectores. Uno se puede tirar años (y no exagero) buscando un libro determinado, por la web, por librerías de segunda mano, por bibliotecas, como un Indiana Jones gafapasta y triste. Son esos lectores que te preguntan alicaídos por un libro determinado, sabiendo que les vas a decir que no, pero que aún así, cuando te oyen decir que no, se entristecen aún más. Cuando el triste es el propio librero la cosa de complica, como el dealer yonki en busca del gran pico. Yo tardé cinco años en encontrar "Bodas en casa" de Bohumil Hrabal. Me faltó abrazar al librero que lo tenía y prometerle peregrinación anual con un ramo de flores. Y no hablo de coleccionismo, no es que busques una edición en particular, firmada y con unos sugerentes labios carmesí plantados en amoroso beso celuloso en la primera página, no, lo que quieres es ese libro, sea como sea, como si es en una amarillenta edición de bolsillo de Bruguera ilegible, tu lo compras, que es tu necesidad, y lo lees así te dejes los ojos en el  viaje y te cagues mil millones de veces en el traductor, el maquetador y en la madre del  farmaceútico al que le compras aspiniras cada tres por dos (seis). Yo tuve suerte con el libro de Hrabal, la edición además es bonita. "El poder y la furia" de Graham Greene también me costó lo suyo, pero no tuve tanta suerte con el libro en sí. "Etcétera" de Brodsky sigo sin encontarlo, lo tuve una vez en mis manos, pero no tenía ni un céntimo en el bolsillo, le dije al librero que me lo guardara, pero cuando volví al día siguiente el libro no aparecía por ningún lado. Menos mal que él se acordaba de que yo le había dicho que me lo apartase, por eso de no pensar que estaba loco, pero nada, lo perdí, y a veces pienso que fue él el que se lo quedó. ¿Que cómo lo sé? Porque yo también lo he hecho. Con "Mi suicidio" de Henri Roorda. Yo aún trabajaba en Madrid, alguien nos lo reservó, era tan finito que nunca lo había visto en las estanterías de Pasajes, el cliente vio mi cara cuando me lo dio pidiéndome que se lo guardase hasta la semana siguiente, mis ojos brillaron emocionados y rabiosos, él sonrió en señal de victoria, yo pensé "no cantes que has comprado la piel del oso aún que la escopeta la tengo yo". Cuando le vi entrar días después en la librería, me excusé y le dije que un compañero lo había vendido por equivocación unos días antes. Lo sé, soy un cabrón, pero ese libro necesitaba tenerlo, igual que él... Si lo cuento es porque ese libro se reeditó en 2003 y posiblemente ese hombre ya lo haya encontrado. También diré que no lo he vuelto a hacer. Me sentí tan mal que otra vez que me pasó algo similar no pude hacerlo; me culpé por no haber visto ese libro yo antes y dejé que se lo llevaran, como Bogart en Casablanca dejando que Lazslo se llevase a Elsa con él. También es cierto que esa vez el cliente era "clienta" y era preciosa, y a mí me miran según cómo y dejo que me roben hasta el corazón. Y no es exageración citar a Humphey, sé cómo Rick se sintió el resto de su vida, recordando todos los días a Elsa, unas veces lamentándose de su decisión, otras pensando que estará bien, aunque en este caso Elsa se fue sola, sin Lazslo y con el libro que yo quería bajo el brazo. El libro se llamaba "El jardinero de Sarajevo", de Miljenko Jergovic, de Ediciones Deria. Acabo de llamarles pidiéndoselo y me han vuelto a decir que está descatalogado. Es la tercera vez que les llamo. Una vez les pregunté inocente y me dijeron que no les quedaban ejemplares, otra vez les dije que llamaba de una librería y que era para un cliente especial, pero tampoco hubo suerte; hoy les he dicho que era para mí, que soy librero y que necesito leer ese libro, que mirasen a ver si tenían algún ejemplar por ahí, aunque fuese defectuoso, daba igual, pero nada. Una pena. Mi único consuelo, si es que se puede consolar un librero desesperado por tener un libro, es que he encontrado uno de los relatos que  forman "El jardinero de Sarajevo" por internet. Algo es algo. Miljenko Jergovic es uno de esos autores que no pasan por su mejor momento editorial en España; Siruela mantiene dos libros de él en stock, y los otros tres libros suyos que se editaron, "Los Karivan", "Mamá Leone" y "El jardinero de Sarajevo", están descatalogados; sí, tengo los otros dos, pero me falta el jardinero. 

Miljenko Jergovic pensando en los editores españoles
A veces, cuando hablo de esto con amigos, cuando comenzamos a decir esos libros que aún no hemos leído pero que nos morimos de ganas por leer sabiendo que solamente por un golpe de suerte podremos hacerlo, terminamos diciendo que deberíamos hacer una editorial nosotros mismos y editar esas cosas; en el fondo no es tan descabellado, entre unos y otros conocemos gente que podría traducirnos esos libros, conocemos impresores, maquetadores, diseñadores gráficos, distribuidores, fotógrafos... Nos comeríamos una mierda, pero tampoco nos arruinaríamos tanto y podríamos dormir más tranquilos, como si Golum dijese, a la mierda el anillo, tiro de agenda y me hago uno igual para mí. Mientras tanto, yo seguiré buscando, no me queda otra, sé que aún me queda el último recurso, y es que cuando vaya algún día a Croacia, me lo compre en croata, algo es algo, y no será la primera vez que lo haga.

Miljenko Jergovic a punto de tocarse algo para explicar lo que piensa de los editores españoles

Jergovic leyendo "mi" ejemplar de "El jardín de Sarajevo"
Ahora debería hablar de Jergovic, al menos para explicar tanto desvelo, pero no daría con el tono necesario; copiaré lo que viene en la Editorial Siruela (Miljenko Jergovic nació en Sarajevo en 1966 y desde 1993 reside en Zagreb (Croacia). Es periodista y escribe en las revistas y diarios más importantes de su país, así como en Allgemeine Zeitung, Die Zeit o La Repubblica. Sus obras le han hecho merecedor de varios premios, entre los internacionales el Erich-Maria-Remarque, el Grinzane Cavour por Mamá Leone y el Premio Napoli 2005 por su libro Hauzmajstor Sulc; en Croacia obtuvo el premio August Senoe 2002 por Buick Rivera así como el premio de la Asociación de Escritores de Bosnia y Hercegovina) y a decir que cuando uno coge un libro de un escritor que no conoce de nada y lee (cito de memoria, así que no será exacto): "Cuando nací, oí ladrar a un perro. El médico me soltó, salió al pasillo de la planta del hospital y gritó: Me cago en este país donde los niños nacen en perreras...", entonces uno no puede dejar de leer... Y si leéis el relato de más abajo, entenderéis mi necesidad...

http://en.wikipedia.org/wiki/Miljenko_Jergovi%C4%87


El hurto (relato). Extraido de "El jardinero de Sarajevo". Miljenko Jergovic. Ed Deria. Descatalogado.

En nuestro jardín crecía un manzano cuyos frutos se veían más hermosos desde las ventanas de mis vecinos. En vano, Rade y Jela traían a sus hijas fruta del mercado; ninguna manzana en el mundo era tan apetitosa como las nuestras vistas desde sus ventanas. Cuando sus padres se iban a trabajar, las niñas saltaban la valla y tomaban la fruta más madura. Yo las echaba, les arrojaba barro y piedras, defendía mi propiedad; aunque ni aquellas ni las manzanas me gustaban especialmente. Para vengarse, la hermana pequeña le dijo a mi madre que me habían puesto un uno en matemáticas. La jefa se fue corriendo al colegio y se convenció de la exactitud de sus palabras, y durante días me maltrató con ecuaciones de dos incógnitas. Tanta X y tanta Y me hicieron la vida imposible, por lo que decidí pagarles con la misma moneda empleando todos los medios a mi alcance. Busqué un buen escondite y durante todo el día esperé a las ladronzuelas. Naturalmente ellas aparecieron, yo salté desde un matorral, agarré a la más pequeña por el pelo y empecé a arrastrarla hacia nuestra casa con la intención de encerrarla en la despensa, esperar a que volviera mi madre del trabajo y decidiera qué hacer con ella. La niña se resistía aullando furiosamente, tanto que en la mano me quedó un mechón entero de pelo y un trocito de su cuero cabelludo. Me largué corriendo a casa, cerré con llave y al poco tiempo oí a Rade, bajo la ventana, vociferando que me iba a matar. Lo mismo le repitió a mi madre, que le respondió en idéntico tono. Estuvieron horas intercambiando insultos de una ventana a otra. Ella le gritaba que era un gángster de Kalinovik y él le contestaba que era una asquerosa y disoluta divorciada.
Durante los veinte años siguientes nos retiramos el saludo y las hermanas jamás volvieron al lugar del delito. Transcurrían agostos y septiembres y el manzano seguía dando los mismos hermosos frutos. Nosotros crecíamos sin intercambiar una sola mirada y nuestros padres envejecían sin olvidar las injurias. Las chicas se casaron y se fueron a vivir su vida, pero todo seguía igual.
Al empezar la guerra, la policía registró el piso de Rade y Jela y encontró dos rifles de caza y uno automático. La vecindad fue presa del pánico, sólo se hablaba de a quién y cómo quería y podía haber matado Rade. Él ya no salía de su casa. Probablemente, esperaba que por fin vinieran a prenderlo. Jela iba al mercado a buscar ayuda humanitaria y agua, hasta que un día una granada cayó a diez metros de ella y le arrancó el brazo. Sólo entonces, después de tanto tiempo, los vecinos volvieron a ver a Rade. Cien años más viejo de lo que era hacía apenas unos meses, salía de su casa con una cazuelita de sopa y tres limones ajados. Todos los días iba al hospital con la vista clavada en el asfalto, temiendo que su mirada se encontrara con la de otro.
Ese agosto, en plena guerra, las manzanas habían madurado y eran mejores y más hermosas que nunca. Una fruta así no se veía desde los tiempos del edén. Trepé a lo más alto del árbol, desde donde se divisaban con claridad las posiciones de los chetniks en el monte Trebevic. Inclinado sobre el abismo, las recogí con el entusiasmo del tío Gilito cuando se zambulle en el dinero de su caja fuerte. Cuando alcancé la que estaba tan sólo a medio metro de la ventana de Rade, lo vi al fondo de la habitación. Me quedé inmóvil colgando de la rama. Rade retrocedió unos milímetros. No se por qué, pero no quería que se fuera.
-¿Cómo está, tío Rade?
-Ten cuidado, hijo. Está alto y te puedes caer.
-¿Cómo está tía Jela?
-¡Ah! Se aferra a ese poco de vida con el único brazo. Dicen que pronto saldrá del hospital.
Hablamos así durante dos largos minutos. Con una mano me agarraba a la rama y con la otra sujetaba la bolsa de las manzanas. Me invadió un cierto pesar, mayor que todas esas granadas, que todos los rifles, encontrados y no encontrados. Arriba, en la copa del árbol, bajo su ventana, todo lo que sabía de mí mismo y de los demás, de alguna manera, perdía su significado.
-Sabes, hijo, cuando pierdes un brazo, durante mucho tiempo te parece que lo sigues teniendo. Es algo psicológico. Le llevo lo poco que guiso, pero no hay vida en esos alimentos. Observo esas judías, ese aguachirle que quiere ser una sopa, luego la miro y le digo: Jela; y ella nada, pero entonces dice: Rade, y yo nada. Nosotros, hijo, estamos vivos para mirarnos el uno al otro y concluir que no estamos vivos. Y se acabó. Ya ves, contemplo esas manzanas, ¡hay tanta vida en ellas! Esto no les afecta, no saben. Ni siquiera puedo mencionarlas...
Me estiré hacia la ventana y le tendí la bolsa. Me miró sorprendido y empezó a decir que no con la cabeza. Yo sentí un nudo en la garganta y sólo podía mover los labios. Permanecí allí, colgado, medio minuto; si los chetniks me estaban viendo debían de estar bastante confusos. Rade temblaba como un hombre del que realmente no ha quedado nada. Sólo ese temblor de animalito desvalido. Finalmente, tendió la mano y de nuevo no pudo pronunciar una palabra.
Al día siguiente, Rade vino a nuestra puerta y, con mil excusas porque no quería molestarnos, nos dio algo envuelto en papel de periódico. Se fue corriendo, así que no me dio tiempo de preguntarle nada. En el paquete había un tarrito de confitura de manzana.
Jela salió pronto del hospital. Continuaron viviendo encerrados tras su ventana y Rade no salía más que para recoger ayuda humanitaria. Una vez, mientras aguardaba en la cola detrás de mi madre, le susurró al oído: gracias. Ella se volvió y él repitió que en las manzanas había vida.
En los meses siguentes, personas uniformadas vinieron dos veces a buscarlo, se lo llevaron y lo trajeron de vuelta. Los vecinos espiaban por el ojo de la cerradura y, luego, tal vez para acallar su conciencia, recordaban aquellos rifles. Algunos repetían que, a pesar de todo, Rade había querido matar a alguien, y otros guardaban silencio. La sola idea de ese hombre causaba dolor. Lo más sencillo hubiera sido odiarles, pero de alguna manera, resultaba imposible.
No se sabe quién asesinó a Rade y Jela. Se fueron calladamente, convertidos en miedo. Quizá soy un idiota por decir esto, pero recordaré siempre a ese hombre por aquella confitura y porque nunca, ni siquiera por la noche, estiró el brazo para coger una manzana.

jueves, 11 de noviembre de 2010

"El pentateuco de Issac", fragmento musicado por John Zorn

 John Zorn's Bar Kokhba troops performing Khebar
Song available on album Circle Maker.

Marc Ribot - guitar
Cyro Baptista - percussion
Mark Feldman - violin
Erik Friedlander - cello
Greg Cohen - bass
Joey Baron - drums

Angel Wagenstein. "El pentateuco de Isaac". Ed. Libros del Asteroide. Págs: 61-62
"Un día estábamos sentados en círculo unos diez chicos judíos de nuestra compañía y en el centro, con la Torá en la mano, se encontraba nuestro rabí Samuel Bendavid. Nos reuníamos en un rincón alejado, detrás de la cocina, junto a la misma cerca, donde quedaban dos palmos de césped que nadie pisaba. Al rabino se le veía un poco raro en su uniforme militar. Se diferenciaba de nosotros por la falta de charrateras. En el pecho llevaba la estrella de David, con la que se designaba a los rabinos militares y ésta se consideraba un gran privilegio en el ejército. Todavía no sabíamos que un día el mismo privilegio lo tendríamos casi todos los judíos de Europa, pero esto vendría más tarde, en el luminoso porvenir, como suelen llamarlo los escritores.
Estábamos sentados en el césped, algunos soldados se lavaban en la fuente, resonaban las cacerolas para la sopa.

-¡Todo es una tontería inmensa! -dijo el rabí Samuel- ¡Tontería de las tonterías! ¡Una soberana tontería! ¿Para qué estoy aquí? os pregunto. Para ser vuestro guía espiritual, para que podáis, al morir en combate, presentaros sin problemas ante nuestro Dios Jehová, santificado sea su nombre. Lo mismo tienen que hacer mis colegas -católicos, adventistas, protestantes, los del Séptimo Día, ortodoxos y musulmanes- por el honor del emperador y la gloria de su respectivo Dios. Pero decidme qué sentido tiene, cuando yo sé que al otro lado de la trinchera hay un colega mío, un rabino, que se empeña en guiar espiritualmente a nuestros muchachos -pero ¿quién es capaz de aclararme si son nuestros o no lo son?- para que luchen contra vosotros, para que os maten en nombre de su emperador y de Jehová, santificado sea su nombre. Y cuando termine la guerra y los labriegos vuelvan a arrastrar sus arados, en el campo relucirán los huesos, los nuestros revueltos con los "no nuestros", y nadie sabrá en nombre de qué emperador ni de qué Dios habréis perecido. Dicen que a estas alturas nuestra querida patria austrohúngara ha dado más de un millón y medio de víctimas. Son un millón y medio de muchachos que no regresarán a sus casas; un millón y medio de madres que no volverán a ver entrar a sus hijos por la puerta; un millón y medio de novias que jamás se acostarán al lado de ellos para concebir y dar a luz en paz y bienestar. Os pregunto: ¿acaso Jehová no ve nada de eso? ¿O se pasa el tiempo dormitanto y hurgándose las narices? ¿Es entonces Jehová -santificado sea su nombre por los siglos de los siglos, amén- un viejo chocho al que le complace que la gente muera en su nombre? No sé, hermanos, no sé daros la respuesta. En todo caso, creo que si Dios tuviera ventanas, hace tiempo que le habrían roto los cristales.
El rabí cerró con saña el devocionario y añadió:
-Con esto termina la lectura del Jumash, y cerramos el Pentateuco. Sabbat shalom a todos. Amén
Me pareció, palabra, que los ojos se le llenaron de lágrimas. Nunca antes en nuestra sinagoga de Kolodezt le había oído pronunciar un sermón con tanta emoción."



Coda a colación del video: Nunca estaré lo suficientemente agradecido a Gaël y Cristina por su hospitalidad parisina en aquel lejano 2006, cuando estuve una semana pateándome la capital gala haciendo idém de una esponjosa avidez soñando con todo lo que se puede soñar persiguiendo la sombra de Boris Vian. Entre otras cosas (cuyos post aventureros a modo de diarios improvisados andaban por otro blog que tuve y que tal vez no estaría mal recuperar) me traje carcasa nueva, recuerdos compartidos y unos cd's y un dvd de John Zorn (y otras cosillas). La noche de enero en la que desgustamos una cena magnífica y me quedé con la boca abierta viendo el video de esa actuación íntegra cuyo fragmento encabeza este post, está a buen recaudo y estos días acompaña la lectura del libro de Wagenstain de manera obsesiva. The circle maker es un disco doble en el que John Zorn mezcla música judía, latina, jazz experimental... El primer disco, Issachar, está interpretado por el Masada String Trio, un conjunto de violín, violonchelo y contrabajo. El segundo, Zevulun (el título de ambos discos corresponde a los hijos de Jacob), añade al trío anterior un guitarra (Marc Ribot, ahí es ná), un batería (Joey Baron, agárrate) y un percusionista, formando el Bar Kokhba Sextet. Si eres curioso, mira los comentarios...

miércoles, 10 de noviembre de 2010

"El pentateuco de Isaac", de Angel Wagenstein

A veces pienso que debería releer, coger alguno de esos libros que pienso que me marcaron y enfrentarme a ellos de nuevo, pero siempre me da miedo y al final cojo algún libro de la librería, al cual aún no le haya incado el diente y me pongo a ello, salvo con Bulgakov o Hrabal, con esos dos autores nunca tengo miedo, es más, sé que sólo cuando los releo estoy yo y el disfrute de leer por leer, bordeando el regodeo enfermizo de saborear frases y frases y recordar cosas que había olvidado de ellos. Luego están los que releo pero "a trozos", los libros que saco de la estantería y leo un par de páginas al azar, o busco frases subrayadas; ahí están Miller, Fresán, Kis, Jergovic, Michon, etc... La semana pasada cogí "Los detectives salvajes" con la férrea intención de releerlo, y ahí está, en la mochila, de acá para allá, comenzado como si fuera la primera vez (es lo que tienen las grandes novelas de Bolaño pasado un tiempo prudencial, que siempre son igual de nuevas, de terribles, de verdaderas). Ante la parálisis que me causó enfrentarme a la generación Granta y la desidia de la Nocilla, no se me ocurrió nada mejor; sin embargo, un par de conversaciones este fin de semana han hecho que vuelva a releer otro libro, éste leído hace relativamente poco, pero del cual nunca hablé en este blog. "El pentateuco de Isaac", Ed. libros del Asteroide. Desde este blog ya he expresado mi amor hacia la labor de esta editorial, su catálogo hace feliz a cualquier bibliófilo que se precie, cuidada encuadernación, diseño, traducciones, tipo de letra, tacto (tanto de las hojas como de las portadas, las cuales, tras unos inicios dubitativos (papeles de gramaje justo pero que se manchaban con mirarlos) pronto dieron con la fórmula). Que una editorial en menos de cinco años de vida se haga con la etiqueta de "editorial fiable a ojos cerrados", no es moco de pavo.

Cuando leí "El pentateuco de Isaac" la primera vez me agarré a él como un equilibrista fallido que en plena actuación se sujeta al alambre que le rasga los dedos. Me salvó, y eso fue suficiente para mí. Yo no soy crítico literario, ni lo pretendo, tengo mi filias y mis fobias pero no sé teoría literaria como para juzgar de  esa manera un libro; a esto hay que sumarle que tiendo a personalizar las lecturas, sé cuándo un libro está bien o mal, pero si yo estoy pasando por un mal momento, mi lectura se ve influida; no siempre me pasa, pero muchas veces sí. Esto nos llevaría al eterno dilema de si hay libros que hay que leer en determinada época de tu vida, o si hay libros con los cuales hay que enfrentarse cuando uno ha madurado como lector, pero no me quiero meter en un jardín cuyo jardinero hace años que nadie sabe de él y parece una selva. Digamos que un libro es algo vivo que cuando se cruza en la vida de uno, si es el momento, será el amor de tu vida o tu mejor amigo, y si no es así, pues será un buen amigo, un conocido, un familiar simpático, un sermoneador, o simplemente alguien que te cae gordo y no quieres volver a saber de él (añadid cada uno vuestra división, se acepta libro como bombero, puta de lujo, animal de compañía o chinche). Cuando me crucé con "El pentateuco de Isaac" lo leí a gusto, pero mi vida estaba tan dada la vuelta que se me metía por todos lados y poco daba de sí. El libro acababa de salir y  los libros eran lo único fiable que tenía en mi vida en esos momentos. Me gustó (cómo no, por babor), lo recomendé en la tienda y alguna de las personas que se lo llevaron volvieron a decirme que les había encantado (eso sólo me ha pasado con dos o tres libros en toda la historia de la Pecera) y siempre tengo uno en stock. Este fin de semana una amiga me contaba cómo escuchaba reír a su padre leyendo este libro mientras ella intentaba escribir su tesis (ánimo, campeona) y que estaba deseando que lo acabase para cogerlo ella, y otra amiga a la que insté a su lectura (de esos encuentros preciosos que uno tiene de vez en cuando) me escribió para agradecerme la recomendación. ¿Resultado? Ayer lo cogí y lo comencé a leer de nuevo. 

Se me ocurren montones de adjetivos, pero solamente diré que es un libro maravilloso. Lo reconozco, me ha dado rabia pensar que la primera vez lo leí un poco "por obligación" aunque me gustase, pero a la vez me siento redimido al haberlo cogido otra vez. Cosas que pasan. Tampoco hay que darle más vueltas. En su momento recuerdo leer blogs que decían que era una novela modesta que se limitaba a recoger chistes  protagonizados por judíos mientras se iba desgranando la historia de Europa a lo largo del siglo XX, pero es evidente que el objetivo de este libro no es únicamente el humor, y no lo digo sólo porque es inevitable que el libro pase por el Genocidio o las purgas soviéticas. Europa, siglo XX, la cloaca de la Humanidad. Tengo querencia hacia la literatura centroeuropea, no es la primera vez que escribo esta frase aquí, sé que hay gente que cuando viene a la Pecera es oír "Judíos y Europa" y salen corriendo, incluso oyendo "Europa, primera mitad del siglo XX", pero para mí es casi fundamental. La historia es "la de siempre": Un personaje modesto, Isaac Jacob Blumenfeld, nos llevará de la mano por gran parte del siglo XX a través de una vida cargada de anécdotas y de humor judío. La amargura siempre subyace bajo un humor brutalmente candoroso, sencillo, lleno de matices y totalmente descarnado. El chaplinesco espíritu de supervivencia lo inunda todo, y escribo esta frase por decir algo que defina de un golpe, por eso nos hace tanta gracia escuchar de su propia voz todo tipo de chistes y chascarrillos sobre lo avaro, lo respetuoso con la ley de Dios o la enorme habilidad para el comercio de los judíos. Nos reímos y decimos, sí, es verdad, estos judíos…pero en el fondo estás pensado, todos somos así...

Mientras avanzas por la historia de este polaco, austriaco, alemán o ruso (depende del momento de la historia en la que se encuentre) te preguntas cómo lo hará para ponerte de nuevo una sonrisa en la cara con el siguiente chiste, cómo hará para encajar un golpe más. No es un libro de historia ligero (novela histórica), en el que se presentan una serie de hechos históricos de manera novelada de esos que te enganchan pese a conocer de sobra el destino, y tampoco es un libro de humor, pero a la vez es las dos cosas. Yo estoy disfrutando como si lo leyera por primera vez, y me gusta fijarme en detalles que dejé pasar, esta bien que un "librero" se reconcilie con la literatura, sobre todo cuando hace que te rías como hace siglos que no te reías. Es más, ¿un libro puede matar? Sí, sin duda. Yo casi muero hoy. Mientras nadaba me he acordado de uno de los chistes de Isaac. Mejor no os cuento, pero sí, casi me ahogo, y hoy no estaba la socorrista guapa, estaba el pasota, que ni se ha movido de la silla a pesar del chou que he montado. Aún me sabe la garganta a cloro. A quién se le ocurre recordar la historia de dos judíos de dos pueblos cercanos que se ponen a discutir sobre cuál de sus rabinos respectivos tiene relaciones más estrechas con Dios y, por lo tanto, es más capaz de hacer milagros. “Por supuesto que es el nuestro”, dice el primero, “El pasado sabbat nuestro rabí se encaminó a la sinagoga, pero de repente empezó a llover a cántaros. No es nuestro rabí no tuviera paraguas, pero ya que el sábado no se debe hacer nada: ¿cómo lo iba a abrir? Miró al cielo, Jehová lo entendió enseguida y se hizo el milagro: por un lado, lluvia, por el otro, lluvia, y en el medio, ¡un pasillo seco hasta el propio templo! A ver, ¿qué me dices sobre esto?”. “Pues escucha lo que voy a contar: el sabbat pasado nuestro rabí regresaba a casa después de rezar. En el camino se encontró un billete de cien dólares. ¿Cómo recogerlo, si es un pecado tocar dinero? Mira al cielo, Jehová se dio cuenta y se hizo el milagro: por un lado, sabbat, por otro lado, sabbat, y en el medio, no me lo vas a creer, ¡era jueves!”. En el largo número 13 he tenido que parar un rato, menos mal que estaba en la parte que ya hacía pié...

Así es Isaac Blumenfeld, el cual dirige una carta a su cuñado, el rabino Samuel Bendavid, en la que le comenta el cumplimiento de sus cinco sueños, al modo del Pentateuco bíblico. Bendavid es el leit motiv de toda la obra, su alter ego con el que se desahoga y con el que sueña en las largas soledades de sus múltiples reclusiones.  A partir de ahí nos narra su vida, dirigiéndose al lector como si hablase con su cuñado o con un amigo cualquiera en una de las  tertulias de su sastrería. Una sastrería cuya especialidad, la de darle la vuelta a los abrigos para poder seguir utilizándolos unos cuantos años más como nuevos, refleja cómo los habitantes del pequeño pueblecito de Kolodetz  (Galitzia) han ido pasando, sin moverse de sitio, del Imperio Austrohúngaro a Polonia, de Polonia a la URSS, de la URSS al Tercer Reich y finalmente a Austria, como si le dieran vueltas y más vueltas a sus chaquetas. 

Un libro que mira hacia el mundo que le rodea con inocencia, aunque no evita lanzar miles de preguntas, preguntas que no tienen respuesta, o cuya respuesta mejor es ignorarla.


Título original: Петокнижие Исааково

Autor: Angel Wagenstein
Traducción: Liliana Tabákova
Editorial: Libros del Asteroide
Fecha edición: 2008
ISBN: 978-84-935914-6-5
Páginas: 316
18.95 €

Angel Wagenstein, (Plovdiv, Bulgaria, 1922), nacido en una familia sefardí búlgara, pasó su infancia exiliado en París. Regresó a su país siendo un adolescente, Durante la segunda guerra mundial, fue internado en un campo de trabajo, del que se evadió para integrarse en las filas de los partisanos. Arrestado y condenado a muerte en 1944, logró salvarse al entrar el Ejército Rojo en Bulgaria. Finalizada la guerra, cursó estudios cinematográficos en Moscú y empezó una larga y reconocida carrera como guionista y realizador. Su carrera literaria comenzó tardíamente con la publicación de la novela El Pentateuco de Isaac (1998), que fue el inicio de una ambiciosa trilogía dedicada al destino de los judíos en la Europa del siglo XX que completaría más tarde con Lejos de Toledo (2002) y Adiós, Shangai (2004), ambas editadas también por Libros del Asteroide. Actualmente vive en Sofia.

martes, 9 de noviembre de 2010

Qué vida más perra. La verdadera historia del Sheriff Woody

Que el cine falsea la realidad lo sabían ya hasta los hermanos Lumière, pero eso es algo que se nos olvida demasiado a menudo. Las películas románticas siempre acaban bien y a veces uno se pregunta si harán la segunda parte, cuando ya el amor sea más normalito, cuando discutan por todo, por nada y cosas así, pero que hacen que la vida sea, eso, así... (Nota para mí, ver de nuevo "Before Sunrise" y "Before Sunset" para comerme mis palabras y para pensar que ójala hagan pronto la tercera...¿su título será "Before the end"? ¿"Before dawn"? ¿"Before the sun turn off"? ¿Before my heart attack for it precious that Julie Delpy follows")


Partiendo de ahí, he de reconocer que he sentido una pena infinita al toparme sin querer con una imagen real, la del Sheriff Woody, el verdadero Sheriff Woody. Cerré como siempre a medio día y me fui a las instalaciones deportivas donde está la piscina cubierta a darle vidilla al corazón y que la oxidación no haga acto de presencia aún en una parte del mismo ("calcificación" les oigo decir siempre, pero eso me suena a que necesito calgonit y prefiero seguir viéndome más como un ser vivo que como una máquina, que Descartes me perdone). Al aparcar en la explanada que hay enfrente, bajé despreocupadamente del coche. Sentí que pisaba algo semi blando y casi me tuerzo el tobillo y doy de bruces con el retrovisor del coche que había aparcado al lado (ágil y resuelto que es uno, como un spiderman puestecito hachís..). Cuando tras soltar ese millón de exabruptos mentando a Hera y a los de su estirpe, he visto el causante de mi tropiezo, se me ha caído el alma a los pies (normalmente no sé dónde la tengo, pero caérseme, se me ha caído de allí donde habitualmente se esconda, la muy pirata). Era el sheriff Woody, el de verdad, como un Truman cualquiera si es que el final de la película de su show es el que casi todos imaginamos ("este no dura fuera ni dos días"), maltratado, abandonado, abusado, violado, incluso crucificado (fijaos en los clavos de sus pies...). Con lo que me gustó Toy Story 3.
Turturado hasta la muerte, siento ser yo el que os muestre las fotos del verdadero Woody y os diga que sí, que el mundo real es así, que no es como nos quieren hacer creer, que la vida es cruel y vulgar, y sucia y triste, y conmovedora hasta el tuétano, y a veces maravillosa, pero al final siempre así... ¿A qué dealer le debías dinero, Woody? ¿En manos de quién acabaste? Sólo espero que Perdigón esté bien... Por favor, a Perdigón no le hagáis nada malo...
Pero Woody, qué te han hecho...
Odio, mucho odio innecesario
No he podido más que recoger el cuerpo de Woody y llevármelo conmigo. 
Será difícil visto el estado en el que ha quedado, pero intentaré hacerle un sepelio digno...
Joder, pobre Woody...
Porca miseria...
 

Espero que Randy Newman nunca vea este post, no me quiero ni imaginar qué canción le saldría tras ver estas fotos...

viernes, 5 de noviembre de 2010

Esquiva diosa ramera... Ginger Baker y los libros que versan sobre las escapadas de Jesús a Cachemira

Eric Clapton con su abuela Rose Clapp, quien lo crió - Surrey,1971

Ayer iba por la calle y me encontré un boleto de la lotería Primitiva en el suelo, flamante y limpio. Me puse nervioso, lo reconozco. Eran las 4 de la tarde, y no había nadie por la calle. Me paré frente a aquel boleto sujetándolo con la punta del zapato disimuladamente, miré a los lados, no vi a nadie, me agaché, lo cogí, vi que era para el sorteo de esa misma noche, volví a mirar alrededor y me lo guardé en el bolsillo mientras echaba a andar. Que últimamente apele a un golpe de suerte para enderezar mi vida hace que me agarre a cosas así; lo sé, no tiene sentido, pero uno es así de indolente, qué le vamos a hacer, y un mísero boleto de lotería tirado en la calle hace que veamos la sombra de la diosa Fortuna corriendo fugaz mientras dobla la esquina, dejando un olor en el aire a rosas y a azufre, según. Esta mañana he mirado los números de la combinación ganadora de ayer. Evidentemente no se parecía ni por asomo, ni siquiera el reintegro, vamos que de los seis números no llevaba ni uno. Esto también da que pensar. Y el paso siguiente era el de echar esos mismos números para el sorteo de hoy, así que eso he hecho. Lo siguiente va a ser parafrasear a Ian Hunter y canturrear obsesivamente su increible disco "You're never alone with a schizophrenic" y después de eso, a leer todo Pascal Quignard o a Robert Musil y su hombre sin atributos... y entonces, algo de Follet y por antístesis hegeliana, BUM, nada de síntesis.

Durante un tiempo jugué a la Primitiva, pero dejé de hacerlo porque siempre me olvidaba de mirar los sorteos, perdía los boletos y en los bolsillos me aparecían de meses anteriores. Echaba cuando me acordaba, al menos un par de días por semana; como el bar donde desayuno es también sucursal u oficina o dispensario, o como se llame, de quinielas y bonolotos, pues me acordaba de echar y no, no miraba lo que había echado días antes porque nunca recordaba dónde lo había puesto, así que dejé de jugar. Si la suerte hay que buscarla he aquí un perro pachón que no sabe ni dónde tiene el rabo (con perdón) pero que a la vez es tan pánfilo (palabra favorita para dirigirse a mí de mi hermana pequeña, N.d. R.) de echar los mismos números para el sorteo de hoy de un boleto que se encontró tirado en la calle ayer a media tarde. 

Ginger Baker con su madre 1971
Tal vez tuvo que ver que ayer tuviese el día Cream, la banda de Baker, Clapton y Bruce. "White Room" sonaba a gloria bendita en la Pecera. "Badge" también. Disraeli Gears al completo, edición deluxe, mono y estereo, sibarita que es uno, aunque viendo los altavoces de la librería poca entidad tiene alardear de ello. Pero es cierto que cuando escucho a Cream me pasan cosas raras. Las puertas se cierran con llave cuando creo recordar que simplemente las he empujado con la mano, algún cliente me mira raro cuando entra y me oye canturrerar "I feel free" mientras coloco libros absorto en la sección infantil, las llaves no están donde deberían, al igual que algunos libros, en fin, un cuadro. Pero aún así pongo a veces a Cream en la librería; luego la cadencia es lógica, John Mayall por aquí, Derek and the Dominoes por allí, The Allman Brothers Band, y por último me lanzo a ver videos de Clapton en youtube preguntándome qué ha estado haciendo los últimos 25 años, hasta que por fin le veo junto a Derek Trucks y Doyle Bramhall II en un festival ideado a su medida llamado Crossroads (Clapton también tiene su corazoncito, el talento se lo machacó a base de bien con el jaco y los dólares, pero quien tuvo retuvo, aunque éste esté echo un pañuelillo arrugado de papel). y digo, bueno, vale, venga... Luego paso a Ginger Baker, que, lo admito, me pone, y a Jack Bruce, que lo que me pone a veces es nervioso, y no sé porqué, así que tras Baker Gurvitz Army retomo todo y reorganizo poniendo a la Graham Bond Organization que, por muchos años que pasen, me siguen  alegrando el día cosa mala. Como leo por comentarios por ahí, "when Ginger is happy, i'm happy". Obviando a los obvios, hay tres baterías que me gustan sobre manera. No sé, es oírlos y cambiarme los biorritmos, me parece que logran hacer de la batería algo más, como si pudieran transmitir algún sentimiento, como si marcar el ritmo fuese un juego y ese juego pudieran transmitirlo en su manera de tocar, llámese swing, mojo, o lo que sea, y que no es otra cosa que eso que los baterías de jazz llevan toda la vida haciendo pero que en el  rock es tan excaso. Uno es Ginger Baker, claro, los otros dos son Brian Downey de Thin Lizzy y el otro es Barriemore Barlow de Jethro Tull (por aquí tenemos a Antonio Álvarez, Pax, increible batería y mejor persona, que sería mi batería favorito de estos lares, quien lo haya visto sabrá lo que me digo; ala, si no lo digo, reviento).

Y retomo el hilo donde lo dejé, escuchando White Room y sonriendo como un bobo, porque sin Cream hoy hubiera enloquecido de veras atendiendo los pedidos que me han hecho. Que "hay gente pa tó" ya lo sabemos, pero que en apenas dos horas 5 personas me pidan libros que no suelo tener y que se muestren molestos porque no los tenga es para hacer el Fernando Fernán Gómez y más, pero gracias a Cream me pude sobreponer.

Madre no hay más que una
A ver: ¿Tienes libros sobre reencarnación para niños de diez años? No, no tengo de eso (ni creo que haya; y dijo libros, si tienes libros, no si hay algún libro... de reencarnación...). Dos: ¿Tienes Jesús nació y vivió en Chachemira, perdón Cachemira? No lo tengo, se lo puedo pedir. ¿No lo tienes? pues vaya... (!!!!). Tres: ¿Tienes libros de numerología? De temas tan específicos como ese no suelo tener (por variar de respuesta mientras carraspeo...) Pues vaya... (eso digo yo, pues vaya...). Se lo puedo pedir. No, lo necesito con urgencia para hoy mismo. (¿para echar a la primitiva y perder el boleto, eh, tuhán?). Cuatro: ¿Tienes "Tantra: El arte oriental del amor consciente"? No, pero te lo pido si quieres (y para mis adentros pensé que tampoco me vendría mal un ejemplar para mí) ¿No? ¿Y algo sobre sexo, sobre posturas de sexo? (la nota a pie de página sería la descripción del susodicho, pues ya al entrar me salió la vena prejuiciosa y pensé, este se ha equivocado de tienda... Cresta, gafas de sol -estaba nublado-, cazadora blanca de cuero, pantalones de pitillo, zapatos de punta marrones, anillacos y collar)... Fin de la escena, él instándome a que le buscara algo didáctico (esto lo dije yo) y con muchas imágenes (si son fotos en vez de dibujos, mejor, añadió él) y preguntándome qué día de la semana que viene podría pasarse a por su libro... Mientras reparaba en el olor a colonia de chulazo que flotaba en la tienda y escuchaba el tintineo de la puerta al cerrarse, me preguntaba si realmente volvería y si además le daría tiempo a estudiárselo para el próximo viernes cuando salga de caza a la Scorpio o a la discoteca similar de los alrededores... ( y sobre todo me preguntaba si desde que me llegara el libro hasta que se lo llevara, me daría tiempo a  mí a tomar nota de algo...) Cinco: ¿Tienes el libro "Reiki para niños"? - leer respuesta de Dos- Bueno, pues me lo pides, por favor.
De todos, esa fue la clienta más normal, educada y sonriente (cosas del Reiki, imagino...). Normal que me sienta un mal librero... Supongo que ahora se entenderá que, al cerrar a medio día y ver que no había hecho nada de caja, pusiese "I fell free" y me liase a canturrear por la tienda... Hora y media después volvería y me tropezaría con el boleto de la primitiva, y todo volvería a empezar...
Puñetera diosa Fortuna...


A todo esto, la bio de Ginger
http://www.psicobateristas.com/bateristas-famosos-f7/ginger-baker-t24068.htm
y Ginger tocando feliz (dejando de lado White room con todo el dolor de mi corazón pero ya sois mayorcitos para buscarla solos)... Ya sabes, si Baker sonríe, yo soy feliz... Memory Lane, temazo...

jueves, 4 de noviembre de 2010

Y después de Celine ¿qué? Viaje al fin de la noche (II)

Margarita
Me manda una amiga un consejo vía FB: "Para lo del ánimo, recomiendo alcohol, buena música, y escribir escribir escribir sin mirar atrás". Pues no miremos más atrás. Jagermeister, The Gaslight Anthem y a tomar por culo la bicicleta. Del dique seco he optado por salir a pie en vez de seguir escarbando a ver si encuentro agua. Es lo que tiene querer tirar un muro con las manos, un muro enorme. Son días raros. No pasa nada, nada cambia, salvo nosotros, cansados de que nada cambie. Y cansado no se debe escribir, se debe escribir fresco como una lechuga recién arrancada de la tierra un día de  tormenta y liviano como si estuvieses a dos palmos del suelo por la mamada que siempre soñaste y que por fin estás a punto de  experimentar. O al menos eso es lo que dicen. En mi caso ni una cosa ni otra funciona. Le propongo a un amigo compartir el blog, pasarle la contraseña y escribir a cuatro manos, como Stalter y Waldorf de los Muppets, como el enanito gruñón y el enanito triste, seguir manteniendo lo de Librería la Pecera a pesar de que a la librería como tal le quede poco si no encuentro quién quiera quedársela y darle nuevos bríos como si un blog llamado Librería la Pecera pudiese ser la chabola numantina terca y rencorosa de dos perdedores ciclotímicos, aunque me ha dicho que no,  ya que de momento el blog tiene extensión física en un negocio que he de mantener y que me da para vivir a pesar de que mi cabeza, mi corazón y mi cuerpo estén a kilómetros de distancia a la espera de empezar de nuevo ( y van...). La cita de Celine en el post anterior no era gratuita. 

Extraigo una cita del blog de Patricio Pron a propósito de escribir, del escritor: "otra, la discusión (que yo creía perimida hacía décadas) entre conocimiento e información, que nos ocupó a Agustín Fernández Mallo y a mí. Se trató de la oposición entre una visión de la literatura que la concibe como el vehículo de una resistencia de índole política al discurso dominante y otra visión de acuerdo a la cual la literatura es subsidiaria de un cierto consumo de la información que no se interroga sobre el origen de esa información ni sobre los intereses que representa ni sobre un estado del mundo del que emana y que, al menos visto desde aquí, es particularmente terrible." 

El gran "Popota"

Llevo varios días dándole vueltas sobre eso, y en mi calidad de librero he de decir que dicha diferencia, para mí, se diluye peligrosamente, a la par que adquiere más entidad dicho enfrentamiento; la figura del editor es la que establece que esa diferencia sea real o no, y por supuesto en este país, salvo excepciones (que yo cada vez creo más excasas) y viendo lo que se edita y cómo se edita, gana la visión de Fernández Mallo por goleada; los escritores como Pron existen, pero sobreviven dentro del juego mercantil del libro que defiende A. F. M.. Como los Clash. Como caballos con anteojeras, pero caballos en el fondo y por fortuna también caballos que escriben los libros que les gustaría fuesen como los libros que les hicieron ser escritores, caballos que escriben de verdad, y esto también es particularmente terrible. Un amigo mío dice que todo se reduce a círculos de poder, solamente a eso, amiguismo y cartón piedra. Y cuando dice eso yo siempre me acuerdo del texto: "La carrera de las letras en España está hecha para los arribistas, los oportunistas y los lameculos, con perdón de la expresión". Roberto Bolaño dixit. Bueno, no Bolaño, sino una de sus personajes en 2666. Es básicamente una de mis creencias -o mis prejuicios- que, como una letanía pienso recurrentemente en esta banqueta tras el mostrador de una paupérrima y coqueta (lo cortés no quita lo valiente) librería de pueblo. Como está dicho en plata, aqui queda, de apunte.

Y como coda, añadir el deseo de que Eduardo Mendoza haga que pueda pagar el alquiler, que Vargas Llosa pague mi cuota de autónomos, que ya me las agenciaré para leer el último premio Lengua de trapo, o el Primavera o el Alfaguara o el Almería, por ejemplo, o cualquiera de los concursos literarios carpetovetónicos que dicen ganan "los menos malos" y volver a hacerle caso a mi amiga: "Para lo del ánimo, recomiendo alcohol, buena música, y escribir escribir escribir sin mirar atrás" añadiendo al trinomio, leer, leer, leer.


Acepto la extrañeza de quien se pregunte de qué va este post, o sobre qué va, o qué quiero decir, o qué leches me pasa. Simple pataleta. No va de nada, si acaso del librero que lee libros que le llegan a la librería preguntándose porqué mientras los lee y prefiriendo seguir hablando de los que sí le gustan en el blog mientras los clientes se llevan lo de siempre (poco, pero lo de siempre).

Las imágenes son de una edición rusa de "El maestro y Margarita" de Bulgakov.

y con respecto a *perimir. (Del lat. perimĕre, destruir). 1. tr. Arg., Col. y Ur. Caducar el procedimiento por haber transcurrido el término fijado por la ley sin que lo hayan impulsado las partes.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Celine. Viaje al fin de la noche (I)


Viaje al fin de la noche. Ed Edhasa.
Louis Ferdinand Celine
(sigo releyendo y tirando de viejas libretas)

"Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas la mañana siguiente para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos por salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, todas las noches, con la angustia del día siguiente, cada vez más precario, más sórdido"

"Invocar la posteridad es hacer un discurso a los gusanos" 

"Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón"