Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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miércoles, 27 de octubre de 2010

La libreta de Philippe Menard, que dice ser sobrino del primo tercero de Pierre, pero que no

Acumulo notas en una libreta vieja de cosas que leo y me gustan, antes no, últimamente sí, desde hace un año, creo; antes, al principio, lo hacía, escribir los fragmentos que me gustaban en una libreta, supongo que me daban miedo los libros y yo era casi un adolescente; luego seguí apuntando fragmentos pero comencé a subrayar. Al final, no sólo subrayaba sino que hacía dibujos en los márgenes, tenía lápices de colores según considerase la importancia de los que leía, rojo muy importante, verde anecdótico, azul si no tenía ningún otro lápiz a mano, negro casi siempre, exclamaciones que he olvidado qué significaban, monigotes sacando la lengua, cañas de pescar sujetas por peces que pescan hombres sentados sobre el número de la página, tachones, manchas de café o tierra, arena que el viento metía entre las páginas cuando el mar estaba cerca y yo leía tirado de mala manera abrigado hasta las orejas en cualquier lado. Ahora escribo de nuevo lo que me gusta y dejo los libros en paz. No es que respete los libros, o que me haya vuelto un pulcro y refinado fetichista, simplemente, y aunque suene obsceno, me gusta devolver impolutos los libros que me parecen una mierda y nadie compra. La manía que no se me va es la de firmar y poner la fecha y el lugar donde esté a los libros que me quedo, como reses que marco a fuego en mi cortijo de papel y polvo, pero no los subrayo. No siempre escribo el autor de las citas, y eso me crea problemas al releerlos pasado un tiempo prudencial. También he de decir que tengo una letra infame y que seguramente las citas no sean del todo correctas.

25 de septiembre de 2010
"14 de octubre 18..
Los pescados -me refiero a los del Sena- al llegar a Bujival están viejos y cansados. Conocen todo el trato del arte de pescar. Cuando yo silbo en la ribera, veo que los pescados se entretienen en saltar fuera del agua celebrando la música. En cambio, ni se mueven cuando pasan al lado de la lineas tendidas. Porque los pescadores son unos aburridos que no saben silbar." Vizconde de lascano Tegui. De la elegancia mientras se duerme. Ed. Impedimenta.

24 julio
"De vuelta, con el corazón helado, y la conciencia tranquila."

3 de ¿enero?
"El uso de la URSS de la psiquiatría como una medida punitiva se basa en una interpretación consciente de la disidencia como un problema psiquiátrico" Vladimir Bukoswki, Manual de psiquiatría para disidentes, 1973.

 

29 febrero
"La bala perdida entró por el ojo y salió por la oreja de Marcelo, matando al compañero que estaba a su lado. Estaban escondidos tras una tapia en un pueblo de la Sierra de Granada llamado Mecina Bombarón. Infinidad de veces le oí contar esa historia que nadie se creía hasta que Marcelo se quitaba el parche del ojo y se apartaba el pelo que apenas se sujetaba tras una inexistente oreja convertida en un bulto informe de carne rosada y suave."

ayer
"Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llama o se llamaba Emilia y que él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura." Alejandro Zambra. Bonsai. Ed. Anagrama

"Estuve esperándote hasta que la lluvia caló mi sombrero y estornudé tres veces seguidas, como si así me sacudiese de encima la esperanza, mi imbecilidad y tu desprecio, por ese orden."

Hace un rato
"Sin ninguna clase de rodeos ni explicaciones demasiado enrevesadas, le dice a Nietzky que quiere dar el salto inglés -espera que capte lo que quiere decir y que a la larga, con su particular talento, hasta amplíe el sentido de la expresión- y le explica que ha pensado, además, celebrar un réquiem por el fin de la era Gutenberg, un réquiem del que sólo sabe, por ahora, que deberá estar relacionado con el sexto capítulo del Ulysses. Un funeral en Dublín, le dice y le subraya. Un funeral no sólo por el mundo reducido por la edición literaria, sino también por el  mundo de los escritores verdaderos y los lectores con talento, por todo lo que se echa en falta hoy en día." Enrique Vila-Matas. Dublinesca. Ed Seix Barral.

fecha ilegible
"¿Te das cuenta de lo que estamos haciendo? El qué, respondí. Estamos empezando a acumular recuerdos juntos."


27 de octubre 2010
"A Riba no se les escapa que es característico de la imaginación encontrarse siempre al final de una época. Desde que tiene uso de razón oye decir que nos hallamos en un periodo de máxima crisis, en una transición catastrófica hacia una nueva cultura. Pero lo apocalíptico ha estado siempre, en todas las épocas. Lo encontramos, sin ir más lejos, en la Biblia, en la Eneida. Está en todas las civilizaciones. Riba entiende que en nuestro tiempo lo apocalíptico sólo puede ser ya tratado de forma paródica. Si llegan a celebrar ese funeral en Dublín, éste no podría ser otra cosa que una gran parodia del llanto de algunas almas sensibles por el fin de una era. Lo apocalíptico exige ser tratado sin excesiva seriedad. A fin de cuentas, desde niño se ha cansado de escuchar que nuestra situación histórica y cultural es inusitadamente terrible y en cierto modo privilegiada, un punto cardinal en el tiempo. Pero ¿es así en realidad? Parece dudoso que nuestra "terrible" situación sea muy diferente de la de nuestros antepasados, pues muchos de ellos sentían lo mismo que nosotros y, como bien dice Vok, si nuestros elementos de juicio nos parecen satisfactoriosRiba, lo apocalíptico tiene un barniz novelesco espléndido, pero no hay que tomárselo muy en serio, porque en realidad, si lo miro bien, lo que me ofrece es la alegre, torunda y feliz paradoja de un funeral de Dublín, es decir, me ofrece aquello de lo que más necesitado ando en los últimos tiempos: tener algo que hacer en el futuro." Enrique Vila-Matas. Dublinesca. Ed. Seix Barral

2 enero 1999
"Seguramente "Pierre Menard escribió el Quijote" así"

jueves, 14 de octubre de 2010

99 fábulas fantásticas de Ambrose Bierce

«La Fortuna y el Fabulista
Un Fabulista atravesaba un bosque solitario cuando se topó con la Fortuna. Muy asustado, trató de subir a un árbol, pero la Fortuna lo retuvo y lo acorraló con cruel insistencia.
—¿Por qué intentaste escapar? —dijo la Fortuna cuando los gritos y los movimientos del hombre cesaron—. ¿Por qué me miras de una manera tan hostil?
—No sé qué eres —respondió el Fabulista, muy alterado.
—Soy riqueza, soy respetabilidad —explicó la Fortuna—, soy casas elegantes, un yate y una camisa limpia todos los días. Soy ocio, soy viajes, vino, un sombrero con brillo y un abrigo sin brillo. Soy dinero suficiente para comer.
—Está bien —susurró el Fabulista—, pero, por favor, baja esa voz.
—¿Por qué? —preguntó la Fortuna, sorprendida.
—Para no despertarme —respondió el Fabulista mientras se le dibujaba en el rostro una calma perfecta.».
 Abrose Bierce.
Hay libros que cuando entran en una librería, la iluminan, y da una pena horrible que se vayan, por eso los libreros los reponemos. Normalmente no salen por la puerta en fila, de a dos o de a tres, descosidos y sin rostro, como algún que otro libro que lo mismo da que esté o que no esté, sino porque son especiales y no salen mucho, o quizá por ello, es triste cuando se van; aunque también es cierto que si el cliente (el despistado, el que no pregunta nada, el que parece no tener suficiente cuello en su camisa para esconderse y mirar por los rincones como un cuervo tímido y desplumado, pero también el que en un giro, en una vuelta rápida, da con dicho libro sabiendo que muy poca gente se fija en él a menudo, como un buscador de oro con suerte, y ojo) lo ha cogido y al abrirlo sonríe, ya no da tanta pena si decide llevárselo. El libro cuesta 18,90 €, y deja un regusto similar al de un plato de calamares a la romana y una cervecita mirando al mar en Cádiz, con el añadido de que no tienes que volver a pagar para abrirlo cuantas veces te plazca.



Repito. Ambrose Bierce. 99 fábulas fantásticas, ilustradas por Carlos Nine, de la editorial Libros del Zorro Rojo, es un libro precioso. Precioso, de esos de horas muertas y secreto íntimo. Lo leí hace siglos, a Bierce, su Diccionario del Diablo, en una edición hiperbarata que se me desmenuzaba entre las manos conforme lo leía, supongo que en una traducción horrible (el libro lo terminé y tuve que tirarlo, había perdido las mitad de las páginas y las que quedaban estaban ansiosas por conocer mundo...), y que compré en un puesto ambulante cuando me gustaba creer en espantajerías como ovnis y espíritus y viajes de Jesús a Cachemira y leía todo en lo que apareciese la palabra diablo, es decir, cuando estaba en esa fase adolescente en la que uno se va desprendiendo como puede de la educación católica y necesita argumentos que lo reafirmen en su decisión y que a la vez le valgan para tocar un poco las narices. Lo releo, o redescubro, en una edición de esas que no repetiré lo bonita que es por no resultar pesado, pero lo es, y gozo (mirándome el dedo gordo del pie, como Arlt), lo cual es lo propio con Bitter Bierce...


Escritor, periodista y editor estadounidense, Ambrose Bierce prestó servicios en el Ejército de la Unión durante la Guerra Civil, en la que estuvo en varios frentes, implicado de manera directa, y en la que fue herido de gravedad. Su primer cuento, «The Haunted Valley», fue publicado en 1871 en la revista Overland Monthly. En 1877 inauguró su famosa columna «Prattle» en el semanario Argonaut. En 1887 empezó a trabajar para los periódicos de William Randolph Hearst (¡¡¡ese, el de Rosebud!!!) y su fructífera relación duró más de veinte años, período en el que su envenenada pluma combatió la impostura de políticos, predicadores, abogados, racistas, capitalistas, poetas, anarquistas e inescrupulosos de todo tipo. La muerte de Ambrose Bierce está rodeada de incertidumbre. En diciembre de 1913, a los 71 años, cruzó a Méjico por El Paso en plena revolución. En Ciudad Juárez se unió al ejército de Pancho Villa, llegando hasta Chihuahua, donde su rastro se desvanece. La última noticia cierta fue una carta que escribió a un amigo íntimo, fechada el 26 de diciembre, donde dice que va a trasladarse a Ojinaga, ciudad donde unos días después se libró una sangrienta batalla. Bierce escribió: «Debe de ser horrible morir entre sábanas; si Dios quiere, a mí no me ocurrirá».