Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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lunes, 13 de septiembre de 2010

Bohumil Hrabal

Hrabal en el Tigre Dorado
Hace poco cité "Trenes rigurosamente vigilados" de Bohumil Hrabal como el libro que lleva aquí desde que la Pecera abrió y aún no se ha llevado nadie. La semana pasada vi una película inspirada en otra novela de Hrabal, "Yo serví al rey de Inglaterra", o tendría que decir que volví a ver por tercera vez; me pareció tan fantástica que me dan ganas de prestársela a todo el mundo, ni soy imparcial ni quiero serlo, hay personas tan importantes o que te han marcado tanto que aunque tú sepas que cosas que tienen que ver con ellos (aunque sean tangencialmente, como es este caso) tienen sus fallos, pasas sobre ellos, como los defectos de un familar o un amigo de verdad. Dices, bueno vale, tal vez "Los palabristas" no sea el mejor libro de  Hrabal, pero, coño, tiene partes preciosas, y las películas que se han hecho sobre obras suyas, pues igual; partimos del hecho de que siempre es como el chiste que contaba Billy Wilder de las dos cabras que están en mitad del campo comiéndose una cinta de celuloide y una le dice a la otra, ¿qué tal? y la otra contesta, bah, me gustó mas el libro... Así que si nos ponemos puntillosos, una noche tonta le sacamos punta hasta a Casablanca, pero a veces está bien ser... no sé, ¿comprensivos?. "Yo serví al rey de Inglaterra", la película de Jiri Menzel,  no es una obra maestra pero si la ves con la cara lavada, acabas reconociendo que tiene partes memorables, y que capta el espíritu del libro en gran parte del metraje, y además, hay escenas donde sólo cabe una palabra, belleza (la escena donde unos ricos comen alrededor de una mesa donde una mujer bellísima está cubierta de comida y flores y al final es el camarero quien le hace el amor cuando todos se han ido... si no lloras  sonriendo o sonríes llorando, es que estás muerto por dentro, así de claro).

Su máquina de escribir
Otra cosa, Hrabal es uno de los autores que no logro entender cómo puede estar tan mal cuidado editorialmente en este país, casi todo está agotado; convertido en un autor que ya no está de moda, los dos o tres títulos de él que aún están disponibles vegetan en estanterías de librerías  modestas o en almacenes sucios a punto de ser olvidadas del todo. Cuando descubrí sus libros, gracias a Paloma y a Inés, Hrabal vino a España y yo, que para todo soy igual, no me enteré, y cuando me enteré ya hacía meses de aquella visita. Supe de su muerte por el periódico, mientras tomaba café lejos de la facultad una mañana cerca del teatro Español, en una de esas mañanas perdidas en las que nos dedicábamos a arreglar el mundo. Quise saber todo sobre aquel escritor checo, del que sólo sabía por los prólogos de los libros que iban cayendo en mis manos que nació en una ciudad de nombre impronunciable, Brno, el 28 de marzo de 1914, y que fue “oficinista, ferroviario, viajante de comercio, obrero siderúrgico, jornalero y tramoyista” antes de dedicarse a la literatura. Aún así hay que escarbar mucho por sus libros y por la red, porque la biografía que escribió su traductora, Monika Zgustová, está agotado también y nunca he podido hacerme con ella: Hrabal niño criado por sus abuelos que tiene a su tío Pepin como primera visión de su hominismo, Hrabal estudiante que, una vez clausurada la universidad por los alemanes, abandona sus estudios de derecho y se dedica a los más diversos oficios, Hrabal, el autor vetado por la censura comunista durante años, y que luego encontramos, siempre huidizo y rudo, en fotografías que lo muestran al lado de Mitterrand, de Warhol, de Bill Clinton o de Antoni Tàpies. También está el  Hrabal más entrañable: el mal estudiante, el tímido, la víctima eterna de una “culpa metafísica” (como Kafka), el que descubre la literatura a través de un poema de Ungaretti, el que toca el piano, adora la música y la pintura, el que atraviesa países enteros en bicicleta, el que escribe sus novelas sobre el tejado porque ama el sol por sobre todas las cosas y mide la inclinación del tejado para cortar las patas de su silla y su mesa a medida, el que disfruta más que nada de las cervecerías, adonde va todas las noches a beber y a escuchar a la gente corriente, la que más le interesaba.  También está el hombre tierno, libre de todo esnobismo y todo deseo de poder, que alguna vez dio gracias a Dios cuando comprobó que el que lo esperaba a la puerta de su casa era un policía y no un maestro para invitarlo a una tertulia, pero también el iracundo que no le gustaba que le molestasen.

Fotograma de "Yo serví al rey de Inglaterra"
Recuerdo a Paloma contando lo asustada que se puso cuando él se le quedó mirando fijamente, también recuerdo a una directora de cine, Věra Caisová, contando antes de la proyección de la película que había hecho de "Una soledad demasiado ruidosa", protagonizada por Philippe Noiret y con breve papel del propio Hrabal, cómo cuando se atrevió a ir al Tigre dorado a darle el guión de su película, éste le gritó y le echó la bronca por atreverse a eso. Aquella escena en la filmoteca nunca la olvidaré, salida casi de una de las páginas de Hrabal, a Vera Caisová altísima, con unos tacones altísimos, con su pelo rubio suelto, su torera vaquera y sus ademanes resueltos, contando cosas sobre el rodaje que una mujer morena a su lado, y que le llegaba por debajo del pecho a Caisová, nos traducía pacientemente a las no más de 20 personas que allí estábamos. Al principio Caisová hablaba un poco y se callaba, miraba hacia abajo, y la sufrida traductora nos decía lo que correspondía mientras intentábamos no reírnos. Conforme iba contando cosas, Caisová se fue animando, y cada vez se lo ponía más difícil a la traductora porque se lanzaba a hablar y no paraba. Una de las veces, la traductora ya no pudo más e intentó pararla porque la directora llevaba como dos minutos hablando en checo y, viendo que sus carraspeos no surtían efecto, la cogió de la cazadora y tiró para abajo. Ya no pudimos más y alguno lanzó una carcajada; Verá Caisová salió de su trance y reparó en la traductora agarrada a su cazadora, la miró y le dijo, amablemente, eso sí, adelante, traduce, mirándola desde las alturas. La traductora resopló y se hizo más pequeña, y nos miró como diciendo, "y ahora qué digo yo si esta eslovaca enorme lleva más de dos minutos hablando y no tengo ni puñetera idea de lo que ha dicho..." Al final se rindió a la evidencia y le dijo "¿lo puede repetir?" Y la directora empezó de nuevo a contar la bronca que le echó Hrabal cuando le llevó su guión, parando cada dos frases y mirando hacia abajo, a esa traductora que decía "tierra trágame" con cada gesto y que nos contaba cómo Vera Caisová había tardado en volver al Tigre dorado a ver qué le había parecido su guión a Hrabal, muerta de miedo estaba, y al final, cuando fue, casi sale corriendo cuando se dió cuenta que Hrabal se levantaba de su asiento y se acercaba a ella rápidamente, y Caisová pensaba "me va a gritar, o peor, me va a abofetear" y se quedaba paralizada en mitad de aquel bar, cerrando lo ojos, esperando, hasta que Hrabal se paró ante ella y comenzó a darle besos y a abrazarla y casi a llorar diciéndole cosas bonitas del guión que había hecho de su libro, y Verá Caisová  nos contaba todo eso mientras cada dos frases miraba hacia abajo frente a nosotros, a aquella traductora que no sabía dónde meterse... Sobra decir que caí rendido ante aquella checa preciosa y sobervia, pero me hubiese gustado coger en brazos a aquella pequeña traductora y sacarla de allí... La película no me gustó más allá de algunas escenas memorables; producción franco-eslovaca de "Una soledad demasiado ruidosa", los actores franceses habían sido doblados al checo, pero no sincronizados del todo, y esa mezcla extraña de bocas que hablan de destiempo mientras tu leías los subtítulos electrónicos a toda prisa hicieron del visionado de la película algo poco agradable, salvo algunas escenas preciosas, como digo... Como una cabra rumiando me dije, "prefiero el libro..." También he de decir que por ningún rincón de la web he encontrado dicha película subtitulada para poder verla de nuevo y resarcirme de esa sensación que me dejó porque en ella salía Hrabal, en aquella película, empujando un carro de supermercado repleto de libros diciendo que llevaba todos aquellos libros a destruir porque los hombres no tenían futuro y que se iba a gastar el dinero que le dieran  en cerveza...

A veces me pregunto cuánto quedará por traducir de Hrabal y sé que posiblemente nunca podré leer eso que aún me queda por leer de él. El checo es un idioma endiablado y no soy tan excelso como para ser capaz de aprenderlo para leer a Hrabal, a Jan neruda, a Kundera, a London o a Vladimir Boudník. Después veo que casi todo lo traducido está agotado y cuando llego a casa miro la parte de la estantería donde tengo sus libros y, qué cojones, me siento bien porque creo que tengo un tesoro. El destino de los libros desde la máquina de escribir hasta la imprenta (por acotar el trayecto y no meterme en disgresiones) es fascinante, sobre todo de algunos de los libros más importantes del siglo XX. Cuando descubres cómo salieron algunos libros de la extinta Unión Soviética, o cómo se editaron los del propio Hrabal, y luego tú lees esos libros y piensas que tu vida es distinta después del paso de esos ciclones invisibles, uf, mejor no pensarlo mucho. Cómo salió "El maestro y Margarita" de las manos de Bulgakov y llegó a Francia da escalofríos; y ahí está... Es el único libro que todo aquel que se lo ha llevado de la Pecera ha vuelto para decirme lo alucinante que les ha parecido. Y ahí los tengo a los dos, detrás de mí, en dos marquitos bajo la licencia de apertura, en dos fotos impresas en papel bueno sacadas de internet. Tengo fotos de escritores desperdigados por la Pecera, sí, lo sé, no es muy original. Hrabal, Bulgakov... imaginad el resto... Auster, Hemingway, Bolaño, Dante... También están Gregory Peck como Aticus Finch, los Allman, Rita Hayworth quitándose un guante negro y el David de Miguel Ángel... En fin, no digo que esté tentado a poner a Fernández Mallo, la cosas como son (prefiero a Pola Oloixarac comiéndose un sandwich de nocilla, vaya), pero a veces me entran ganas de cambiar las fotos. La de Hrabal no, esa foto me gusta mucho.
La mayoría de los libros de Hrabal se publicaron en Checoslovaquia en ediciones llamadas Samisdat, que consistía en la publicación de libros censurados por el régimen comunista en ediciones clandestinas de poca tirada, que circulaba de mano en mano, o mecanografiados con papel carbón para hacer más de una copia por vez, e incluso en forma de manuscritos copiados por los lectores para distribuirlos también clandestinamente. Sin este tipo de ediciones, muchas obras de Hrabal no hubieran podido circular. ¿De aquí a unos años los chavales, cuando internet por fin conquiste todas las parcelas de la vida, entenderán qué significa eso?

El título de "Trenes rigurosamente vigilados" proviene de los trenes alemanes que cargaban municiones al frente y que eran, como el título, prioridad de los ferrocarriles de esa época. La novela es simple y llanamente una de las cosas más hermosas que se pueden leer. Es un monólogo de Milos Hrma, joven empleado en una estación ferroviaria 1945, en las últimas semanas de la ocupación alemana de la República Checa, que va contando concienzudamente los pormenores de su historia, que lo llevan al descubrimiento del amor y la desazón del amor, a la magia del erotismo y el sexo, al descubrimiento del sentimiento patrio no venido de banderas sino de la libertad de ser una persona que pertenece a una cultura particular, y al descubrimieto de la valentía, la conspiración y la entrega a una causa, en este caso la checa contra la ocupación alemana. El joven tiene como compañero de trabajo a uno de los personajes más geniales de Hrabal y de la literatura del siglo pasado (con permiso del tío Pepín), El Factor Hubicka. En uno de los pasajes, Hubicka, de puro aburrimiento por la rutina del trabajo de servir y vigilar trenes alemanes, seduce a una secretaria de la misma estación donde trabaja, la desnuda y sentándola sobre el escritorio del jefe de estación, procede a llenarle las nalgas de sellos: de correo, de pago, administrativos, sellos de todo tipo. Este hecho se hace conocido por los empleados de los ferrocarriles del estado gracias a una denuncia que presenta la chica, contradictoriamente ofendida y encantada con la situación. También el joven Milos se entera y es gracias a esta imagen, absurda y hermosa, que descubre una nueva forma de abordar la vida. Esto lo hace también al recordar a su abuelo, que al comienzo de la primera guerra mundial salió a enfrentarse a los tanques alemanes provisto solo de sus poderes mentales.

—¡Es la maldición del siglo del erotismo! ¡Todo es erotismo! No hay más que excitaciones eróticas. ¡Los adolescentes y hasta los niños se enamoran de las niñas que cuidan los gansos! ¡Tragedias sentimentales copiadas de los libros y las películas eróticas! ¡A la cárcel los escritores y los educadores y los vendedores de libros y fotos pornográficas! ¡Abajo la enfermiza imaginación de la juventud! Descuartizó el cadáver de la lechera y seguro que hubiera descuartizado hasta el cadáver de su prima si no se lo hubieran impedido. En la droguería un maniquí muestra un corte en las caderas semejante a las de una mujer joven a tamaño natural. ¡Y los jóvenes lo miran con avidez! El atelier de un pintor le deja a uno dudas de si ha entrado en una carnicería donde se vende carne humana. ¡Canibalismo! Han encontrado a la asesinada en la maleta y buscan a un hombre rubio con un diente de oro. La última vez que lo vieron le compraba a ella una manzana australiana en el supermercado Corona. ¡Aj! ¡Pura carne! Asesinatos sexuales en el horizonte. Al banquillo de los acusados los maestros que toleran la educación sobre temas sexuales. ¡Cuanta más inmoralidad y más placeres, menos cunas y más féretros! —gritaba ya con voz ronca el jefe de estación por el ventanuco de la cocina del primer piso hacia la oficina de comunicaciones.

Corred a las librerías si no teneis nada de Hrabal, antes de que se agoten y se pierdan para siempre...
 las dos cosas...


1 comentario:

IVAN dijo...

Y, de nuevo, vimos como lo imposible se hacía realidad...