Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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miércoles, 4 de agosto de 2010

El Instituto de Vandalismo Público también hace BUM

"Una mañana, mi tía abuela estaba encajada en la puerta, intentando entrar a golpes de cadera.
-¿Me puedes ayudar con eso, por Dios? -me dijo.
Me levanté, abrí la puerta y le eché una mano con lo que llevaba. Era un parquímetro.
Le pregunté para qué necesitábamos una máquina que esencialmente servía para controlar el aparcamiento.
-Alguna utilidad le encontraremos, hijo.
Es curioso, pero aquella mañana me di cuenta de que la casa estaba llena de objetos urbanos. En el patio teníamos bancos del parque y farolas de autopista. Tirábamos la basura en papeleras de calle metálicas. La bandeja del café era una señal de STOP.
Aprendí con el tiempo que, como casi todos los antiguos combatientes de izquierdas de la guerra civil, mi tía abuela consideraba la transición a la democracia una tomadura de pelo. Careciendo de otros medios para protestar contra lo que les parecía una farsa que continuaba con la dictadura franquista de manera encubierta, mi tía abuela y sus amigas jubiladas fundaron el Instituto de Vandalismo Público. Su núcleo lo formaban siete u ocho personas mayores que habían pertenecido a la Unió de Pagesos, la FAI, las Juventuts Llibertàries y el POUM.
En lugar de unirse para tricotar, mi tía abuela y otras señoras salían al oscurecer para romper cristales de bancos, robar señales de tráfico y farolas, tumbar contenedores de basura y hacer pintadas anarquistas.
A veces incluso lo hacían a plena luz del día. nadie sospechaba de un puñado de señoras de sesenta años. Era la mejor operación encubierta que he visto en la vida.
Luego llegaban a casa para tomar carajillos, armando escándalo y riendo, mientras yo trataba de imaginar formas femeninas bajo la sábana. Era un incordio para mi concentración onanista.
El Instituto de Vandalismo Público se fundó en 1978 y continuó actuando durante toda mi estancia en Sant Boi. En aquellos doce años nunca vi un semáforo que durara intacto más de dos semanas. Circular por el pueblo era una auténtica aventura. Las farolas caían como moscas. Era Beirut.
No sé si el Instituto de Vandalismo Público arrojó algo de luz en la historia, pero sí sé que hizo descender la oscuridad sobre el pueblo a bastonazos."

Kiko Amat. Cosas que hacen BUM. Ed Anagrama. Compactos. 9,50€


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