Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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domingo, 22 de agosto de 2010

"El comienzo de la primavera" de Patricio Pron

Terminé de leer "El comienzo de la primavera", de Patricio Pron, hace a lo sumo diez minutos. Sobrecogido no es una palabra usual para definir un libro, al menos no para mí, pero de alguna manera me siento así. Hay escritores cuya prosa es como un narcótico, como una sucesión de golpes al la mandíbula casi imperceptibles pero que acaban por sumirte en un estado cercano al delirio, imbuido por la historia y por cómo es contada, a punto del KO, zumbado, encantado, y con un atisbo de sonrisa en la cara. Sabes que estarás pensando en ese libro varios días. Corriste lo que pudiste por acabarlo, no como esos libros que bajo ningún concepto quieres terminar de leer, pero con idéntica sensación de falta de palabras. Patricio Pron contando la historia de Hans-Jürgen Hollenbach, "el mayor pensador alemán del siglo XX", Pron contando la historia de Alemania, o de porqué Alemania.

Un profesor que detestaba cuando estudiaba (sentimiento que intuyo mutuo o tal vez su reverso, pero él nunca supo que yo nunca aprendí nada a patadas) me hizo hacerle dos trabajos sobre Heidegger para aprobar su asignatura. Nadie más del curso tuvo que hacerlo; era el último año y me tocó "pasar por el aro". Lo pasé mal. Detesto a Martín Heidegger. Sé que es una barbaridad lo que estoy diciendo pero soy incapaz de leerlo sin desear tirar una a una esas hojas por la ventana. Por miedo, por vergüenza, por asco, por profundo temor. Esa es tal vez la única crítica al libro de Pron, yo mismo, pero pronto vi a Martínez, el voluntarioso y argentino profesor que quiere traducir a Hollenbanch y viaja a Alemania para buscarlo, como un sosias, un Sam Spade revestido de un inocente Ricardo Piglia y si alguien me llamase ahora mismo por teléfono y me preguntase qué me ha parecido el libro de Pron, sólo alcanzaría a decir, brutal, y colgaría despacio, esperando un segundo para hacerlo, tomando aire y pensando, brutal, de nuevo, antes de colgar. Hablar de estructura, de lucidez, de giros narrativos, de dominio del tiempo y del tempo, hablar de la concatenación de historias, de cómo se superponen, se entrelazan, se sumergen, se ahogan unas a otras llevándote con ellas, es una tontería. Literatura, simple y llanamente, y de alto octanaje. Recuerdo cómo nos quedamos al leer a Volpi por primera vez, tras su búsqueda de Klinsorg, y me pregunto si recuerdo bien;creo que sí.
A Heidegger lo he olvidado por completo, o me esfuerzo en eso, el libro de Patricio Pron no creo que quiera olvidarlo.

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