Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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lunes, 2 de agosto de 2010

Cosas que hacen BUM

La Pecera tiene en "nómina" varios escritores que no editan. Para ser una librería pequeña de un pueblo, son muchos. Serán 4 o 5, al menos que yo sepa, y si hay alguno más que aún no me ha comentado nada, debe ser una rara avis sin ego o con más ego que ninguno. Sólo intento comenzar a escribir. Hablo del detonante. Acabo de vender un libro a uno de esos escritores que no editan, un ejemplar de novela negra. "Un clásico". Estudio, ejemplo, norma, plantilla... "Voy a intentarlo con la novela negra", me ha dicho. ¿Intentar, el qué?, me han entrado ganas de preguntarle. Sé o intuyo la respuesta, por eso no ha salido de mi boca, porque no lo entiendo o porque lo entiendo todo, porque no me gusta comprender y a la vez me sorprende mi ingenuidad. Quien lea esto no notará que esto está escrito a trompicones, mientras atiendo, perdiendo el hilo y cogiéndolo donde sea que lo coja al sentarme de nuevo frente al teclado. La gente pide cosas muy raras. "Recomiéndame un libro que esté bien..." ¿Qué respondes a eso? Las connotaciones son enormes, y al final todo depende de mis ganas de entrar o no a trapo. Siempre en mi cabeza resuena la gloriosa frase valleinclaniana, "concreta, cabrón, concreta..." "¿Un libro bueno, cómo, dónde, sobre qué, para quién...? y así hasta el infinito... Siempre me callo, me hago el simpático y tiro de prejuicios y obviedades. Sin embargo hace poco tiré de oficio y propedeútica; alguien que viene a menudo y que me gusta cómo es, me dijo esa misma frase, pero yo ya sabía qué quería decir, y lejos de sentirme examinado como librero y como lector disfruté mucho ese rato sacando libros de las estanterías y hablando de autores. Se llevó "Piezas en fuga" de Anne Michaels. Me pregunto qué le estará pareciendo. yo tengo muy buenos recuerdos de ese libro.

He pasado unas semanas muy extraño. Por culpa de unos exámenes gremiales y absurdos he estado un tanto perdido, he dejado de salir con la bici y de nadar como me había acostumbrado meses atrás, y tras el estrés de las pruebas durante el mes pasado me he quedado vacío. He ido a un par de conciertos dignos de ser recordados, he viajado algo y he habitado en cierto surrealismo un par de días de mucho calor, pero no he escrito nada en su momento y hacerlo ahora me da pereza. Desde hace una semana hago 40 kilómetros en coche para venir a la librería, y durante el trayecto, dependiendo del día, mientras aullo canciones de profundo sentido pop y arduo sentimiento roquero, se me ocurren muchas barrabasadas que poner aquí, tonterías que olvido con una facilidad pasmosa a las primeras de cambio, haciendo que pasen los días sin colgar nada. Tampoco he tenido lecturas que comentar, me ha costado encontrar "el" libro. A veces pasa, o al menos a mí me pasa. Vas de libro en libro, picando sin conseguir entrar en ninguno, pero todo es culpa tuya, como si físicamente tu cuerpo te pidiese determinada lectura que por un motivo oculto no logras encontrar. Si eres una persona decente, lees lo que estás leyendo en ese momento y punto, pero si eres un indolente y un pusilánime como yo, y si además tienes el defecto de tener siempre empezados 5 o 6 libros a la vez, pues te tiras unos días sin dar pie con bola, de libro en libro. La gente normal lo arregla yéndose de librerías, que es algo que incluso un librero como yo a veces echa de menos, pero como se da la casualidad de que vives en una librería pues esos días te comportas como un yonki alzheímico con síndrome de abstinencia. Hasta que das con él, con el libro que te hace falta, con el chute que te calma. Como todo en esta vida, hace falta un esfuerzo, y sé que con 3 o 4 páginas no vale, a menudo hay que seguir un poco más. En el camino han quedado muchos libros que sé que leeré tarde o temprano porque sé que necesito y me apetece leerlos, sin embargo el domingo encontré lo que necesitaba. Un ataque de risa tuvo la culpa, una prossa ácida, sencilla y llena de ingenio tuvo la culpa, un libro llamado "Cosas que hacen BUM" de Kiko Amat tuvo la culpa de hacerme despertar de ese incómodo marasmo en el que estaba recluido. No es un libro nuevo, no es un best seller, no es un clásico imprescindible de la literatura universal, pero me lo estoy pasando teta. Sonrío, disfruto, me sorprende , comparto montones de referencias y es justo lo que necesito. Música soul, anarquismo, adolescencia, dulce mala leche, agilidad narrativa, como si Holden en vez de ser el guardián del centeno se hubiese trasmutado en un anaranjado y mecánico Alex y hubiese encontrado a sus drugos en la Barcelona de los noventa y en vez de Beethoven flipase con Smokey Robinson o Ronnie Spector. Necesitaba un libro claramente apasionado, negrísimo, como un guitarrazo del mejor Steve Marriot, Brighton en la Barceloneta, Eduardo Mendoza elegante con una chaqueta con la Union Jack puesto de anfetas tras escuchar Quadrophenia durante una semana...

No necesité mucho, la verdad, cogí el libro del montón, aburrido y hastiado de mí mismo y vualá: La obsesión es una fiebre. Una rabia loca, enfocada hacia un solo punto, que empieza a acelerar sin que nadie pueda detenerla. La obsesión es un deseo multiplicado, y ese deseo me ha llevado hasta aquí. Estoy volando a 111 km por hora en dirección a un árbol del camping La Ballena Alegre, en la autovía de Castelldefels. Cuando impacte contra él, mi cuello se partirá como un barquillo mojado en champán, pero de momento estoy paralizado en el aire en la postura de volar. Soy una pieza de taxidermista, suspendida del cielo por hilos de oxígeno. Los ingleses tienen una expresión para eso: in mid-air. Espero que esta parálisis pasajera me dé el tiempo suficiente para contar lo que tengo que contar; es una historia bastante larga. Estoy volando a 111 km por hora porque hace uno segundo estaba subido a una Vespa 160, conduciendo sin manos. Me subí a la Vespa porque antes intenté realizar el Último Vals Salvaje, y falló. Mi Último Vals Salvaje era la única manera que encontré para extirpar la obsesión. Ésta es una historia de obsesiones. Así empieza... "Cosas que hacen BUM" es altamente adictiva y placentera. Una novela de iniciación, sobre caer y levantarse y volver a caer, sobre la grandeza y las miserias de pertenecer a un grupo, sobre reivindicar la diferencia frente a lo convencional. Pànic es ese tipo un tanto snob que se inventa su propio personaje y lo lleva hasta sus últimas consecuencias. Ha habído un par de fragmentos que me han hecho saltar las lágrimas de risa, literalmente... Y eso no tiene precio, al menos no para mí en estos días difíciles...


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