Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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jueves, 3 de junio de 2010

Frank Zappa y Vaclav Havel.

Preside foto de Frank. Frank Zappa, y también dos huevos duros... Porque últimamente escucho mucho a Frank Zappa, más concretamente Hot Rats, The Grand Wazzo, One sit fits all, Over-Nite sensation y Apostrophe('). El primer disco de Zappa que oí en serio (quiero decir, que escuché voluntariamente y me voló literalmente la cabeza) fue este último, Apostrophe('), en una extrañísima copia rusa pirata en vinilo con la portada de Over-nite sensation y los títulos detrás en inglés y cirílico (y los nombres de los músicos en inglés pero los intrumentos en cirílico, por lo que en esa era preinternet, tardé en enterarme quién tocaba qué) que pululaba por el piso de estudiantes que compartía porque una de las compañeras había estados unos meses en la madre patria y acabó regalándomelo. Es dificil de entender pero a la vez es muy fácil, como Frank. Cuando acabe el invierno se escribió bajo la escucha obsesiva de Billie Holiday, Leonard Cohen y el apostrofe de Frank; errores gramaticales aparte, eso explica muchas cosas, salvo el aburrimiento, claro. Uno de mis sueños es enloquecer literalmente, viejísimo y achacoso, con Zappa, y mandar al carajo al mundo oyendo una de sus composiciones. No es un pensamiento que tenga constantemente, pero a veces, por vacilarme a mí mismo un poco, lo pienso y me lo digo. Hot Rats tiene la virtud de exhaltarme, lo cual me pasa muy pocas veces y, realmente, son muy pocos los discos que tienen ese poder (Forever Changes, Thrick as a brick, Yankee Hotel Foxtrot, así a bote pronto y sin parar a pensar...). Hot Rats, ya desde la portada, avisa. Este disco es especial, no asusta, pero casi, no es serio, pero casi, no es normal pero casi...

Hot Rats, 1969, mientras los americanos "llegaban" a la luna y los Beatles estaban pensando en separarse, Zappa parió esta LOCURA de disco que mezcla de todo, rock, jazz, academicismo moderno, libertad absoluta, armonías locas que se generan con esos increíbles arreglos para la sección de vientos de metal (Brass Section), la batería que es la repanocha en verso libre asonante que te deja con la bocaza abierta, solos de guitarra de Zappa con esa facilidad pasmosa y tan rara que tiene. Es como que no es rock pero lo es, es una movida chunga (revenge) difícil de definir y de describir, pero me pone. No sé por qué. A veces voy por la calle o estoy en casa (¿casa?) o en la librería y me doy cuenta que estoy tarareando algo de Zappa, algún fragmento en plan bucle (Peaches in Regalia especialmente, sonando y sonando en mi cabeza). Y claro, sonrío. Sobre todo cuando estoy nervioso, pero no preocupado, expectante, Zappa se cuela en mi vida. Y más en estos días donde todo se difumina y se atropella, héroe o basura. Y, claro, lo disfruto porque livianiza y a la vez insufla arrojo en los pulmones. Pero como Zappa es como es, inabarcable, siempre tengo esa sensación de neofito diletante con él (más de 80 discos son muchos discos). Tengo lo que tengo y lo exprimo válgame los dioses cosa mala, pero su vastísima obra paraliza un poco, al menos a mí, y sobre todo porque a veces lo oigo y siento la necesidad de perfeccionar mi ingles (ya de por sí bastante confuso) porque si musicalmente alucino, si lo entendiera todo todo todo, sería la ostia. Incluso bucear por los mútiples blogs dedicados al bigotudo genial asusta. Joder, me gusta que me anime Zappa. Desde que descubrí que perdigón tenía cd reproductor de mp3 (mi coche se llama así, lo siento, siento ser tan previsible, pero tengo la manía de ponerle nombre a las cosas que me importan y referirme a ellas con respeto y cariño: Perdigón, Pepino, señorita Bambú, señor Edison...) le miro con otros ojos al pequeño huevo azul con ruedas. A menudo grabo discos a cascoporro en plan madre, para llevarlo en el coche como si me fuese a pasar algo y por si las moscas fuese necesario tirar de música, que no falte. Así que un día del año pasado iba por la estepa manchega en una carretera regional sin arcenes y comenzó a sonar Hot Rats... No recordaba haberlo grabado, pero se iluminó la tierra, subí el volumen y levanté levemente el pie del pedal (no había prisa por llegar a ningún sitio). y eso sólo del disco llamado Hot Rats, así que de los demás mejor me callo. Sólo una cosa más, escuchadlo. Temas destacados: todos.


Vaclav Havel. El rey filófoso, hermoso delirio que sólo los checos podían llevar a cabo. Todo me lleva a Praga ultimamente, todo me lleva menos un avión, claro, pero todo se andará (o volará). Milos Meisner hace mucho que no me escribe, pero me envía cosas por mail para que me imagine cómo está. El otro día yo le hable de Zappa, y él me ha mandado este texto de Havel que escribió cuando Zappa murió. No sabía de su amistad. Tampoco es un texto epatante, pero cualquier excusa es calva si pasa por Praga. Creo que me he creado una sala de estar paralela en mi cabeza donde se han ido levantando calles de Praga sin ton ni son. Y me gusta perderme en ellas. La vida se despliega de manera asombrosa a cada paso, como una canción de Frank, pero sólo hay un camino, el problema es que sólo sabemos cuál es cuando hace rato que lo hemos tomado.

Obituario, por Vaclav Havel, 1993

Frank Zappa era uno de los dioses del underground checo durante los años setenta y ochenta. Era un época de completo aislamiento. Los músicos de rock locales y el público eran perseguidos por la policía. Y para aquellos que se negaban a ser barridos por la represión --que intentaban permanecer fieles a una cultura propia-- el rock occidental era mucho más que sólo una forma de música.

En esa época, Frank Zappa flotaba en algún lugar arriba en los cielos, una estrella inaccesible como tantas otras cuya influencia se sentía en la escena local, como la Velvet Underground y Captain Beefheart.

Yo nunca soñé que pudiera conocerle un día, pero poco después de la Revolución, cuando yo ya era Presidente, Zappa se presentó en Praga. Llegó en un período aún vibrante con energía revolucionaria. Tocó en jam-sessions con músicos locales, y me hizo una visita al Castillo, y salimos a beber juntos. Fue la primera celebridad del rock que conocí, y, para mi deleite, era un ser humano normal, con el que podía llevar una conversación normal.

Él estaba ansioso de aprender todo lo que pudiera sobre los cambios radicales que estaban teniendo lugar en los países del antiguo Bloque Soviético. Tenía curiosidad por lo que este repentino colapso de un mundo bipolar podría traer. Quería saber qué pensábamos sobre la futura posición de la Unión Soviética en la política mundial, y nos sondeó sobre los aspectos negativos y positivos del rumbo "de terciopelo" que nos habíamos dado a nosotros mismos.

Lo que le fascinaba y le excitaba era la idea de que un artista tuviera un papel que desempeñar en la política activa. Habló en serio de ofrecer una ayuda no oficial a nuestro país, tanto en la esfera cultural como económica, y luego me enteré de que había discutido el asunto en detalle con varios ministros. Quizá su enfermedad le impidió desarrollar este tipo de trabajo, pero su interés sincero por nuestro país me produjo una profunda impresión. Tanta como su aparición con Michael Kocab y su banda 'Prague Select' en un concierto en junio de 1991 para celebrar la partida final de las tropas soviéticas de Checoslovaquia después de una ocupación de casi veintitrés años. Estaba seriamente enfermo en esa época, pero tomo parte de todas formas. Fue una de sus últimas apariciones como músico de rock.

Pensaba en Frank Zappa como un amigo. Conocerle fue como entrar en un mundo diferente de aquél en el que vivía como Presidente. En cada momento que siento que me escapo de ese mundo --aunque sólo sea en mi mente-- pienso en él.


Lo de más abajo, el video, es de obligada visión si eres de la pandilla de Frank


¿Quien es Bobby Brown?


1 comentario:

Anónimo dijo...

http://www.culturaencadena.com/extra/radio-cec/frank-zappa-hot-rats-el-sonido-y-la-furia.html
postcast de media hora de hot rats...
radio rules....
zankiu man