Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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miércoles, 26 de mayo de 2010

El dedo gordo del pie de Roberto Arlt. Soliloquio del solterón

Y de pronto apareció en nuestras vidas Roberto Arlt, y digo en nuestras vidas porque hubo una temporada en la que yo compartía lecturas y libros con varios amigos de la facultad casi como si fuésemos uno solo. Estudiábamos filosofía, sí, pero durante mucho tiempo nuestra vida giró en torno a Cortázar más que en torno a Kant, que también, pero no de la misma manera, y quien dice Cortázar dice García Márquez, Calvino, Canetti, Mann, Bulgakov y siempre, siempre, siempre, Bohumil Hrabal.. Luego cada uno tenía su autor fetiche, como una baraja de cromos de la que cada uno de hubiese quedado partes de un palo u otro. Y, como digo, un día apareció Robeto Arlt, más concretamente sus "aguafuertes". Yo enloquecí con "El juguete rabioso" y "Los siete locos" ("Los lazallamas" menos, pero porque lo leí en exámenes), locura compartida con Ramón y secundada por Iván. De hecho yo siempre andaba dando la coña con hacernos camisetas con la portada original de la primera edición de "Los siete locos" pero nunca se materializó dicho deseo, aunque siempre es buen momento para llevarlo a acabo, aunque se me hace muy difícil encontrar una imagen decente por google. Incluso en la última fiesta que hicimos tras los exámenes de septiembre del último curso (que fue cercano a mi 24 cumpleaños) me regalaron los cuentos completos de Arlt en la edición de Losada. Hubo una temporada que pasábamos más tiempo en la cafetería, salvando, explicando y reformulando el mundo que en clase, y de golpe, nos dio por aprendernos fragmentos de esos artículos de Arlt y citarlos cuando considerábamos que era pertinente (y cuando no lo era). Siempre fuimos lo peor, pero nunca hicimos daño a nadie, si acaso espantábamos a la gente pero estábamos en la edad para ello, creo... ¿en la edad de ser insoportables?... en fin...


Roberto Arlt había escrito para el diario argentino El Mundo, donde empezó a trabajar en 1928, las Aguafuertes porteñas, columnas donde hablaba de cualquier cosa en una suerte de genial antropología, que reunió parcialmente en un volumen publicado con ese título en 1933. El mismo periódico lo envió a España y Marruecos en 1935-1936, y antes y después a Uruguay y Brasil, en 1930, y a Chile, en 1940. Entre las crónicas de viaje escritas a raíz de esas experiencias, editó una selección en 1936 de sus Aguafuertes españolas. Entre todas las aguafuertes, tuvimos querencia por el soliloquio del solterón, que Ramón recitaba casi integramente (o que le valía de trampolín para sus monólogos), y aún hoy alguno sigue haciendo uso de la expresión "me tiro a muerto", como una especie de mezcla entre patente de corso y chiste íntimo que soltamos cuando no tenemos un duro, ni ganas de hacer algo, o simplemente por joder, y entonces, como dejó bien claro Arlt, nadie puede quejarse. El soliloquio del solterón empieza con la que posiblemente sea una de las mejores frases que se han escrito para comenzar una historia. "Me miro el dedo gordo del pie, y gozo". En la caja de las cartas que tengo arriba (cuando aún escribíamos cartas y nos las enviábamos) podría encontrar varias que me enviaron y empezaban así. Si estábamos en la cafetería y la idea de subir a clase se presentaba como un rubicón infranqueable e inhumano, bastaba que alguien dijera en uno de esos instantes donde todos nos callábamos (cosa rara, por otro lado) "me miro el dedo gordo del pie, y gozo" o "yo me tiro a muerto" y ya sabíamos que la mañana estaba perdida (y la tarde con un poco de suerte). Ramón y yo le estuvimos dando la tabarra a Ariel una temporada, porque era el único argentino que teníamos a mano, y si no el único, sí el mejor, desde luego, con los giros lunfardos que Arlt usaba, y recuerdo una vez que ambos hicieron una lectura del soliloquio del solterón en la cafetería de órdago. Ahora que lo pienso no sabría decir qué templó más a fuego mi ánimo, si Unamuno, Agustín de Hipona y Adorno, o las aguafuertes de Roberto Arlt. Hay muchos agotados, pero siempre se encuentra algo de Roberto por ahí, o Arlt nos encuentra a nosotros, y si no, darle la tabarra al vuestro librero y que os lo pida.

SOLILOQUIO DEL SOLTERON:
"Me miro el dedo gordo del pie, y gozo. Gozo porque nadie me molesta. Igual que una tortuga, a la mañana, saco la cabeza debajo la caparazón de mis colchas y me digo, sabrosamente, moviendo el dedo gordo del pie: -Nadie me molesta. Vivo solo, tranquilo y gordo como un archipreste glotón. Mi camita es honesta, de una plaza y gracias. Podría usarla sin reparo ninguno el Papa o el arzobispo. A las ocho de la mañana entra a mi cuarto la patrona de la pensión, una señora gorda, sosegada y maternal. Me da dos palmaditas en la espalda y me pone junto al velador la taza de café con leche y pan con manteca. Mi patrona me respeta y considera. Mi patrona tiene un loro que dice: "¡Ajuá! ¿Te fuiste? Que te vaya bien", y el loro y la patrona me consuelan de que la vida sea ingrata para otros, que tienen mujer y, además de mujer, una caterva de hijos. Soy dulcemente egoísta y no me parece mal. Trabajo lo indispensable para vivir, sin tener que gorrear a nadie, y soy pacífico, tímido y solitario. No creo en los hombres, y menos en las mujeres, mas esta convicción no me impide buscar a veces el trato de ellas, porque la experiencia se afina en su roce, y además no hay mujer, por mala que sea, que no nos haga indirectamente algún bien. Me gustan las muchachitas que se ganan la vida. Son las únicas mujeres que provocan en mí un respeto extraordinario, a pesar de que no siempre son un encanto. Pero me gustan porque afirman un sentimiento de independencia, que es el sentido interior que rige mi vida. Más me gustan todavía las mujeres que no se pintan. Las que se lavan la cara, y con el cabello húmedo, salen a la calle, causando una sensación de limpieza interior y exterior que haría que uno, sin escrúpulos de ninguna clase, les besara encantado los pies. No me gustan los chicos, sino excepcionalmente. En todo chiquillo, casi siempre se descubren fisonómicamente los rastros de las pillerías de los padres, de manera que sólo me agradan a la distancia y cuando pienso artificialmente con el pensamiento de los demás que coinciden en decir: "¡Qué chicos, son un encanto!", aunque es mentira. Me baño todos los días en invierno y verano. Tener el cuerpo limpio me parece que es el comienzo de la higiene mental. Creo en el amor cuando estoy triste, cuando estoy contento miro a ciertas mujeres como si fueran mis hermanas, y me agradaría tener el poder de hacerlas felices, aunque no se me oculta que tal pensamiento es un disparate, pues si es imposible que un hombre haga feliz a una sola mujer, menos todavía a todas. He tenido varias novias, y en ellas descubrí únicamente el interés de casarse, cierto es que dijeron quererme, pero luego quisieron también a otros, lo cual demuestra que la naturaleza humana es sumamente inestable, aunque sus actos quieran inspirarse en sentimientos eternos. Y por eso no me casé con ninguna. Personas que me conocen poco dicen que soy un cínico; en verdad, soy un hombre tímido y tranquilo, que en vez de atenerse a las apariencias busca la verdad, porque la verdad puede ser la única guía del vivir honrado. Mucha gente ha tratado de convencerme de que formara un hogar; al final descubrí que ellos serían muy felices si pudieran no tener hogar. Soy servicial en la medida de lo posible y cuando mi egoísmo no se resiente mucho, aunque me he dado cuenta que el alma de los hombres está constituida de tal manera, que más pronto olvidan el bien que se les ha hecho que el mal que no se les causó. Como todos los seres. humanos he localizado muchas mezquindades en mí y más me agradaría no tener ninguna, mas al final me he convencido que un hombre sin defectos sería inaguantable, porque jamás le daría motivo a sus prójimos para hablar mal de él, y lo único que nunca se le perdona a un hombre, es su perfección. Hay días que me despierto con un sentimiento de dulzura floreciendo en mi corazón. Entonces me hago escrupulosamente el nudo de la corbata y salgo a la calle, y miro amorosamente las curvas de las mujeres. Y doy las gracias a Dios por haber fabricado un bicho tan lindo, que con su sola presencia nos enternece los sentidos y nos hace olvidar todo lo que hemos aprendido a costa del dolor. Si estoy de buen humor, compro un diario y me entero de lo que pasa en el mundo, y siempre me convenzo de que es inútil que progrese la ciencia de los hombres si continúan manteniendo duro y agrio su corazón como era el corazón de los seres humanos hace mil años. Al anochecer vuelvo a mi cuartujo de cenobita, y mientras espero que la sirvienta -una chica muy bruta y muy irritable- ponga la mesa, "sotto voce" canturreo Una furtiva lágrima, o sino Addio del passato o Bei giorni ridenti... Y mi corazón se anega de una paz maravillosa, y no me arrepiento de haber nacido. No tengo parientes, y como respeto la belleza y detesto la descomposición, me he inscripto en la sociedad de cremaciones para que el día que yo muera el fuego me consuma y quede de mí, como único rastro de mi limpio paso sobre la tierra, unas puras cenizas."

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Addio, del passato bei sogni ridenti,
Le rose del volto già son pallenti;
L'amore d'Alfredo pur esso mi manca,
Conforto, sostegno dell'anima stanca
Ah, della traviata sorridi al desio;
A lei, deh, perdona; tu accoglila, o Dio,
Or tutto finì.
Le gioie, i dolori tra poco avran fine,
La tomba ai mortali di tutto è confine!
Non lagrima o fiore avrà la mia fossa,
Non croce col nome
che copra quest'ossa!
Ah, della traviata sorridi al desio;
A lei, deh, perdona; tu accoglila, o Dio.
Or tutto finì!

Tabula Rasa dijo...

Addio, del passato bei sogni ridenti,
Le rose del volto già son pallenti;
L'amore d'Alfredo pur esso mi manca,
Conforto, sostegno dell'anima stanca
Ah, della traviata sorridi al desio;
A lei, deh, perdona; tu accoglila, o Dio,
Or tutto finì.
Le gioie, i dolori tra poco avran fine,
La tomba ai mortali di tutto è confine!
Non lagrima o fiore avrà la mia fossa,
Non croce col nome
che copra quest'ossa!
Ah, della traviata sorridi al desio;
A lei, deh, perdona; tu accoglila, o Dio.
Or tutto finì!

Librería La Pecera dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=NYglOBkZWwI

espectacular

Anónimo dijo...

Pues que sepas que sí se hicieron camisetas con el dibujo de los siete locos, pregúntale a tu amigo Iván...