Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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viernes, 9 de abril de 2010

Perdona, amor, pero este libro ya lo tenía



Siempre me han parecido patéticamente entrañable esas parejas que se mofan y censuran las aficiones del otro u otra, o si no se mofan directamente sí que me sorprende la opinión opinión, o la sensación de hartazgo que denotan los unos para con los otros. Enarbolan las quejas hacia sus parejas con resignada autoafirmación de ellos mismos como dos incompatibles pero indisolublemente unidos. Al menos en algunos casos. En otros no pasan de quejas cariñosas. Si no son los zapatos, es el fútbol; si no es la ropa, son los discos; si no son los pendientes, son los libros.... Ah, los libros... Una conversación esta mañana con un cliente me ha hecho querer escribir sobre esto.

Los "hobbies" más preocupantes son la música y los libros - más esto último si pasas de las descargas (y más si alguno sigue prefiriendo el vinilo)- puesto que el susodicho o la susoducha tiene que andar ocultando sus comprar furtivas y su fetichismo ante su "partenaire" ideando las más barrocas conductas. En estos casos es mejor la sobreabundancia a la escasez, que ella o él no sepa ni haya sabido la cantidad de libros o discos que tienes (si eres de los "románticos", de esos que intentaste deslumbrarla con tu colección de discos y libros para que viera lo sensible que eras, ya habrás descubierto que no se enamoró de ti por eso y que no le importa una mierda que hayas tocado el cielo escuchando tu vinilo del 69 de Charlie Parker o leyendo Rayuela, aunque, eso sí, diabólicamente, a veces ella, o él, recuerda que tal disco o tal libro lo tenías ya o, sin embargo, quizá te lo has comprado hace poco). Vamos, que si tienes un vicio mejor que este te ocupe mucho espacio para que la nuevas adquisiciones no se noten mucho.

Tengo dos clientes entrañables que me hacen de espejo y los cuales me cuentan sus trucos. El más evidente y aséptico, que tu bilioteca o discoteca no esté en el lugar de residencia. Eso conlleva la contrapartida de no tener cerca tus anhelados fetiches para cuando los necesites en casa pero te ahorra muchas discusiones si tu casa no es muy grande y no tienes "estudio" (o incluso con él).

Pedro, que así se llama uno de los dos clientes-espejo, me ha confesado hoy que teme el día que su mujer vaya a su garaje-estudio, pues hace años que no va y cuando vea lo que tiene allí guardado de libros y compactos desde la última vez que fue igual lo mata (palabras textuales). Con Pedro me une la pasión por Dylan; en lo literario no estamos tan unidos, pero no por nada, simplemente él es un absoluto fanático de Asimov y yo no tengo el gusto de haberlo leido aún (confesiones de un librero pecador). Hace un mese vino con su mujer a por unos libros para su hija y me sonrió cuando descubrió que en La Pecera sonaba Led Zeppelin (es el 35 aniversario de la edición de Phisical Graffitti, es lo menos) Entró entre canción y canción, sonaba "In my time of Dying", que debe tener algo diabólico porque me tiene escuchándola compulsivamente. Medio hablamos del concierto de reunión de los Zep y de la finalmente fallida gira de reunión. Mientras le envolvía el libro en papel de regalo para su hija aprovechó para pedirme uno de Asimov ("El fin de la eternidad") que le falta. No recuerdo las palabras exactas de su mujer pero no fueron ni amables ni comprensivas.
Al salir recordé las tiras de Forges, la mujer grande y el calvete español apocado.

Recuerdo una casa que visité hace muchos años, una casa que al entrar en ella se me quedó totalmente grabada, con la que incluso a veces sueño. Una casa en Tamajón llena de libros, desde la entrada, repartidos en estanterías, a ambos lados del pasillo de entrada, en la escalera, en las habitaciones... Hay días que la recuerdo y no sé si mi memoria exagera, pero creo que no. Si pienso en mi casa ideal, creo que sería como esa. Austera pero llena de libros. Tirando a vieja pero noble, con la tarima desgastada y los techos altos, cuadrada, italiana, fresca, con un pequeño patio. En fin... Libros...

Ricardo es mi otorrino y mi cliente compulviso de novela histórica preferido. Además se le ve buen tipo. De todos los otrorrinos que han urgado en mis oidos a lo largo de 33 años, Ricardo ha sido sin duda el más simpático (y de los dos que hay en Manzanares, el más cuidadoso y el que menos daño me ha hecho, todo sea dicho). Vamos, que se nota que me cae muy bien. Está muy metido en blogs de historia (http://www.hislibris.com/), exjugador de rugby (si me vuelve a invitar su casa a tomar una cerveza mientras vemos un partido de las cuatro naciones (¿o son cinco?) acepto), colecciona insignias de la Segunda Guerra Mundial y más de una vez me ha confesado su frustrado sueño de ser piloto, y además lee mucho. Tiene el mismo problema con su mujer, pero en este caso se la ve mucho más comprensiva. Aún así, Ricardo toma sus precauciones pues también ha tenido sus más y sus menos (da gusto oirle hablar de su colección de insignias de las distintas divisiones de aviación de la Segunda Guerra mundial, y no sé si se cortará al hacerlo delante de su mujer. Ricardo, y con esto se ganó el cielo de la pecera, tiene la costumbre de firmar sus libros, fecha y lugar. Hasta ahí nada sorprendente, todos lo hacemos, salvo que en su caso hay un importante detalle. Falsea las fechas. Según las fechas de su biblioteca hace un año que no compra libros (es decir, la Pecera casi no existe). La semana pasada me compró un libro, una novedad, pero según su "diario", ese libro lo compró en Granada hace dos años. Suena muy infantil, y más sonaría si viéseis cómo es Ricardo, alto, grande y con el pelo rizado (mucho más corto por los lado que por arriba, lo que le hace una graciosa y excentrica cresta). Me confesó que teme el día que su mujer compare la fecha de edición de los libros impreso en la primera página con la de su firma.
El otro día me regaló un libro. Sí. A mí. Que ya lo tenía y no se acordaba y lo había comprado de nuevo. Eso no resta importancia al detalle. Yo le regalé otro. Sé que no es lo mismo, es como si la próxima vez que yo vaya a la consulta, él me regalase las gotas que siempre me envía, pero le hizo ilusión. Me pregunto si colaría como cierta la excusa de que el libro nuevo de Ricardo se la había regalado el librero...

Physical Graffiti cumple 35 años, si no lo tienen comprénselo, y si les preguntan digan que ya lo tenían.

2 comentarios:

evelio guzman dijo...

Soy miembro del clud de "los que ocultan sus compras de libro",lo confieso porque mi mujer no lee este blogs ,por ahora.He vivido en muchas casas he dejados algunas ,de otras me han hechado pero en todas he sembrado una"bibleoteca".En las separaciones mi unica reclamacion han sido los libros ,porque para mi un libro es un objeto perfecto

Almorro dijo...

Ocultar, ocultar, no. Pero como tengo una cantidad importante de discos, y los libros están apilados (lo siento), es un poco difícil que alguien desconocedor del orden que impongo, descubra las nuevas adquisiciones.

En los tiempos en los que nos encontramos, puedo ser tildado "friki" en la compra de discos.