Cuadro: Jeremy Geddes. Heat Death, Oil on Board. 2009

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viernes, 27 de noviembre de 2009

El beat de John Clellon Holmes


Tengo querencia por la llamada Generación Beat. Kerouac me gusta, aunque "Big Sur" me costara horrores acabarlo, "Satori en París" me gustó mucho y "En el camino" es en el camino, y a la espera tengo la lectura de la nueva edición de Anagrama del rollo original, y creo recordar que por algún lugar he de tener una preciada edición de "Los vagabundos de Dharma" en Losada del año pum que sí, me gustó mucho. Y eso sólo de Jack. El libro de Joyce Johnson "Personajes secudarios" de Libros del asteroide, lo tengo a medias (los famosos 18...) y me gusta volver a él y releer un par de páginas antes de donde me quedé. Ahora aparece "Go" de John Clellon Holmes, de cual no conocía, lo reconozco, ni su existencia. Según dice la editorial: "La novela que supuso el punto de partida de la Generación Beat. Hasta ahora inédita en español. Tenemos un carácter furtivo. Conocido como el "beat tranquilo", John Clellon Holmes recoge en su novela Go las peripecias de sus amigos Cassady, Kerouac y Ginsberg en el Nueva York de finales de los 40. Esta historia de sexo, jazz, drogas y calles nos muestra que la generación beat no se limitó a inventar una forma de vida: también una literatura y un modo revolucionario de mirar."

Lo he empezado (19 y subiendo), y me gusta... Citando a mi amigo Eduardo, hay cosas que oyes, ves y lees que te dan ganas de hacer cosas, de vivir, en una palabra, y no tienen que se necesariamente buenas o increibles, simplemente es otra cosa. A mí, con la generación beat, me pasa. Recuerdo la película "La última vez que me suicidé".... pues eso...

Dos fragmentos de "Go"...

"Hobbes llegó a conocer su mundo, indirectamente al principio. Era un mundo de deprimentes pisos interiores, cafeterías en Times Square, antros de música bop, andanzas nocturnas, encuentros en las esquinas, autostop, mil bares de moda por toda la ciudad, y las calles. Ese mundo estaba habitado por gente enganchada a las drogas y otros hábitos, gente que buscaba un nuevo grado de locura, gente conectada por los invisibles hilos de la necesidad, pequeños delitos o un extraño reconocimiento de afinidad. No paraban nunca, vivían de noche, corrían por todos lados “haciendo contactos”, desaparecían de pronto en la cárcel o por los caminos, y resurgían de nuevo buscándose unos a otros. Tenían una perspectiva clandestina y misteriosa de la vida y parecían ignorar todo lo que no fuera la realidad de los trapicheos, de un lugar donde quedarse, imbuidos en el frenesí del jazz, que no decaiga la marcha. Hobbes se acercó con precaución, incluso con temor, a las lindes de este mundo, incapaz de ignorar la inmediata fascinación. Había estado demasiado tiempo entre gente más vieja, menos activa, más mental. Necesitaba algo nuevo y excitante."

(...)

"Hobbes miraba el reloj, quería estar en casa antes de que Kathryn regresara del trabajo; además, tras tantos cigarrillos y tantos café, la cerveza comenzaba a producirle una extraña sensación de lentitud. Terminó la bebida y se levantó.
—Mira, Paul —dijo Pasternak—. Mejor me voy al centro con David a echarle una mano. De todas maneras, tú tienes que comer. Nos vemos en un par de horas, ¿de acuerdo? Así que Hobbes los dejó y deambuló de regreso por la calle bochornosa y oscura. Consideraba a ráfagas la posibilidad de estar borracho y amnésico en cuatro horas, experimentando esa ilusoria sensación de despreocupación y buena voluntad que el licor le proporcionaba. El pensamiento fue agradable y fugaz.
Se entretuvo en el apartamento, colocando los cojines, lavando las tazas de café, hasta que terminó por sentarse en su escritorio y releer la carta con insatisfacción. La colocó de nuevo en la máquina y escribió despacio:
«Perdona esta retahíla de estupideces. La temeridad de una vida cada vez más ajetreada. Y amándote en vano durante tanto tiempo desde el centro. Releyéndola, descubro que ni siquiera he mencionado esas palabras odiosas. Bien, te quiero, Liza. Olvida los circunloquios. Tuyo, H.»

Título: Go
Editorial: Ediciones escalera
Autor: JOHN CLELLON HOLMES
PVP : 19,00 €
ISBN: 9788493701802
Rústica
325 páginas

sábado, 7 de noviembre de 2009

Roadhouse Sun


En esta época uno encuentra música por el canal que todos sabeis, y basta una tarde tonta clikeando sin parar, de una cosa a otra para dar con cosas que nunca d eotro modo hubiéramos encontrado. Escritores, películas que en la vida hubiera soñado ver o conocer su existencia, y música, claro... Discos que en mi adolescencia era incunable y inencontrables, que formaban casi parte de una mitología privada e inalcanzable, ahora flotan en la nada de mi disco duro, no sé de su existencia física pero al menos los he escuchado (Granicus, los 4 discos de Bobby Whitlock, el que hacía sombra a Eric Clapton en Derek and the Dominoes...)
Luego navegas y ves que hay otros como tu. Me pasó con Will Hoge, lo descubrí en myspace hace 4 años, y me acuerdo especialmente porque fue mi primera compra trasatlántica, y ahora igual cae en el Azkena del 2010. Y me pasó con Ryan Bingham.

Ryan Bingham es un muchachote de Nuevo México que se mueve en los territorios del llamado country alternativo o americana. Aún no tiene 30 años y ya tiene cuatro discos a sus espaldas. Bingham pertenece a esa clase de tipos rudos que cantan con el polvo del desierto en su garganta. Las letras de sus canciones son aridas y realistas, un reflejo de su vida errante. Vidas Rebeldes de John Ford no le pilla muy lejos. Ryan Bingham ha crecido dentro de la típica familia desestructurada del medio oeste americano y ha llevado una existencia errante desde muy joven, hostales, carreteras infinitas y antros donde tocar, hacho que compaginaba con principal fuente de ingresos (hasta hace 3 años), montando toros en el circuito de rodeos. Algunos críticos dicen que su voz se asemeja a un cantante de más de cincuenta años. Esta sensación se palpa en la primera escucha, se oyen ecos del Dylan más eléctrico, de Steve Earle o Drive-By Truckers. Sus dos ultimos discos han sido producidos por el gran guitarrista y ex-Black Crowes, Marc Ford. Tras dos discos en la modesta compañia tejana Lone Star Music, Wishbone Saloon en 2004 y Dead Horses en el 2006, ficha por Lost Highway Records y saca otros dos discos, Mescalito del 2007 y Roadhouse Sun en el 2009.


Mescalito me fascinó. El disco perfecto para cualquier tarde tonta mirando caer el sol en la estepa manchega. Roadhouse Sun me ha volado la cabeza. Desde que me llegó lo devoré, bueno, antes, porque lo escuché antes, copia de seguridad en el cd del coche y de ahí no ha salido hasta dos semanas después (cambiado por Joy de Phish, por cierto).
No sé si será la producción de Marc Ford, o que Bingham como compositor a dadu un paso más, pero el disco suena tremendo. La paleta musical incluye los popes citados antes y en canciones como "Change is" se nota que los caminos de Wilco son inescrutables y muy fructíferos. Insisto, uno de esos discos que crece en matices y profundidad con cada escucha, uno de los discos del año.